domingo, 3 de marzo de 2013

6ª: I due Foscari (1844). ¡Venaco!

I due Foscari, ópera estrenada en el Teatro Argentina de Roma el 3 de noviembre de 1844.
Libretto de Piave, a partir del poema dramático de Lord Byron "The two Foscari" publicado en 1821.

La acción tiene lugar en Venecia en 1457.

Foscari tradicionalmente se ha representado muy poco (17º de las 28 óperas verdianas en las estadísticas de la última década) y su estreno no tuvo tan gran acogida como Ernani, y no digamos Nabucco, aunque tampoco fue un fracaso.

A pesar de ello pienso que es una ópera más que digna, que tuve el gusto de compartir hace poco más de un mes con mi amigo Adrián, casi el único que comenta por aquí. Como informé, esas funciones fueron en Valencia y estuvieron protagonizadas por el eterno Plácido Domingo.

Melódicamente es bastante rica, equilibrada, bien repartida entre los tres protagonistas: Francesco Foscari (octogenario dux de Venezia, barítono); Jacopo Foscari (su hijo, tenor); Lucrezia Contarini (señora de Jacopo, soprano). Cada uno tiene dos arias que les permiten brillar a los cantantes si son de buen nivel, hay magníficos conjuntos y dúos de categoría (soprano-tenor y soprano-barítono).

Si nos fijamos, Verdi estrena Foscari en noviembre del mismo año que Ernani, que fue presentada en marzo.
Esto se debe principalmente al aluvión de peticiones por parte de los teatros italianos a Verdi para que les compusiera nuevas óperas. Éste también necesitaba dinero y por ello trabajó sin descanso desde 1842 hasta 1858. Verdi llama a esta fase "periodo de galeras" aunque tradicionalmente se reduce hasta 1851, fecha en que se estrena Rigoletto . "Desde Nabucco puede decirse que no he tenido una sola hora de tranquilidad. ¡Fueron 16 años de galera!", decía Verdi, quejándose a la Condesa Maffei.

Preludio



Y un queso nuevo: el Venaco. 
Es de Córcega y estamos en Venecia, pero como Venaco empieza por "Ven" igual que Venecia, por ese motivo tan sólido y razonable os lo presento hoy.
Queso de oveja, de pasta blanda, con cierto sabor a animal sin ser agradable, al contrario. Tiene forma cuadrada con las puntas redondeadas, con la forma del molde donde se transportaba antiguamente. 




sábado, 2 de marzo de 2013

Ernani (XII). Importante trío final, cierre y discografía.


Ernani escucha el cuerno de Silva y reconoce al momento su significado. Aleja a Elvira de la estancia con el pretexto de que se encuentra mal por una vieja herida y necesita que vaya a buscar medicinas. Cuando se quedan solos, Silva se despoja de su antifaz y exige el cumplimiento de la promesa: le ofrece el puñal o el veneno como alternativa. Regresa Elvira y dándose cuenta de todo, suplica a Silva piedad para Ernani. Pero en honor al pacto, Ernani se apuñala maldiciendo a su perseguidor. Elvira se desploma a su lado mientras Silva se regocija al ver cumplida su venganza.

De nuevo, Verdi plantea un tema melódico y lo desarrolla. Un final de ópera como pocos, con ese compás terciario a un ritmo moderado y la compaginación soberbia entre las tres voces.



Discografía recomendada: Dos grabaciones principales aconsejo para el acercamiento a Ernani.

1. Ernani: Carlo Bergonzi
    Elvira: Leontyne Price
    Carlo: Mario Sereni
    Silva: Ezio Flagello
    Director: Thomas Schippers (1967)

Si bien el atractivo principal está en soprano, tenor y dirección, no se quedan atrás el barítono y el bajo, que cantan bastante bien y tienen perfiles adecuados para los personajes que interpretan. El director inglés plantea un visión enérgica, genialmente construida, con climas clarísimamente verdianos y sin manierismos, que embauca a la primera. Price muestra sus mejores armas: su carnosa voz, poderosa en el centro y en el agudo, su entrega y arrojo interpretativos. También tiene sus menos: flojea en la coloratura y su italiano es bastante mejorable. El plato fuerte de la grabación, sin perjuicio de Price y Schippers, es el tenor. Nadie canta mejor el Ernani que él, quien quizá puede perder frente al "chorro" de voz de Pavarotti o Corelli. Los acentos son exactos, las frases memorables, extraordinariamente expresivas, tanto que sin necesidad de entender el italiano ya sabes lo que quiere comunicar. Es sin duda una de las obras maestras de Bergonzi.

2. Ernani: Luciano Pavarotti
    Elvira: Joan Sutherland
    Carlo: Leo Nucci
    Silva: Paata Burchuladze
    D: Richard Bonynge (1987)

Para los que prefieran un Ernani más de azúcar glass, bien refinado y elegante e incluso algo recargado, ésta es una opción ideal.
Pavarotti, ya madurito aunque no lo parece por la envidiable frescura de su voz pasados los 50 años, lo da todo, vocal e interpretativamente, seduciendo quizá a primera vista más rápidamente que Bergonzi (aunque el de Parma sea al fin más completo) y cantando el aria que nunca se incluye. Dame Joan supera aquí los 60 años y no desperdicia un agudo, una frase, un compás, para demostrar los dones que posee, esas agilidades y agudos aún bien enfocados a pesar de la decadencia, que se nota en la merma del soporte de la voz y del registro grave. Eso sí, los trinos, su coloratura barroca característica (quizá discutible aquí) están intactas. Nucci sigue la tónica y sin hacer coloraturas porque evidentemente no le toca canta con mucha clase y da el agudo en su aria. Burchuladze posee una voz de bajo tan poderosa como plana y aburrida. Bonynge se adapta como no podía ser de otra manera a las peticiones de su señora, que es la Sutherland y del resto de los cantantes. Enfoca Ernani desde una perspectiva más "donizettiana" o belcantista. La calidad de sonido es extraordinaria.

jueves, 28 de febrero de 2013

Ernani (XI). Silva interrumpe la boda de Ernani y Elvira (no hay forma de que le dejen casarse tranquila)

Fiesta en el castillo de Ernani, en Zaragoza, quien gracias a la clemencia de Carlo vuelve a ser duque de Aragón. Se casan al fina Ernani y Elvira, final feliz, pero...suena el cuerno de Silva, que ya le han dado ganas de que Ernani muera, para fastidiar.

Ernani pone la excusa de que se encuentra mal y manda a Elvira a por medicamentos (quizá a la farmacia de la esquina).


Ernani (X). Carlo es emperador!



Carlo se esconde tras cantar su aria en la tumba de Carlomagno 8qué divertido es jugar al escondite, ya Ernani lo hizo en el segundo acto) para sorprender a los conspiradores que han de juntarse allí mismo, pues tiene conocimiento de un complot contra su vida. Llegan los confabulados entre los que están Silva y Ernani. Echan a suerte quien será el encargado de dar muerte al rey. El elegido es Ernani y entonces Silva le ofrece librarle del juramento de muerte que mantienen si le cede el puesto a él. Ernani no acepta. Suenan tres salvas de cañón anunciando la elección de Don Carlo como emperador y éste aprovecha el momento para ordenar la captura de los conjurados. Invaden la escena una multitud de soldados y también Electores y cortesanos, entre los que se encuentra Elvira. Carlo ordena que los nobles sean ejecutados y el resto enviados a mazmorras. Ernani se da a conocer como noble y reclama su derecho a que le ejecuten. Elvira pide clemencia al rey. Carlo, para comenzar bien su reinado, en un gesto de magnanimidad, indulta a todos y consiente en el matrimonio de Elvira con Ernani, al que reconoce como duque. Los presentes elevan sus voces para elogiar las buenas intenciones del emperador, excepto Silva que reclama venganza.

Tras una escena con "poca música", ya que se trata de no hacer ruido para que la operación salga correctamente, tiene lugar un pequeño coro patriótico, no de la envergadura de los presentes en I lombardi o Nabucco. Posteriormente aparece Carlo, que es más listo que nadie, y Ernani saca de nuevo su furia con una melodía desafiante (5.35). Elvira trata de poner paz y paños calientes con otra melodía, pero le dura poco. Carlo dice que es el más grande, el emperador, y lleva la voz cantante en este majestuoso final de acto, con el resto de cantantes a su merced, musicalmente hablando.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Ernani (IX). Acto 3: Duelo de Reyes.

Gran Dio! 
Costor sui sepolcrali marmi  
affilano il pugnal per trucidarmi. 
Scettri! Dovizie! Onori! 
Bellezze! 
Gioventù! Che siete voi? 
Cimbe natanti sovra 
il mar degl'anni, 
cui l'onda batte 
d'incessanti affanni,  
finché giunte allo 
scoglio della tomba 
con voi nel nulla il nome vostro piomba! 
Oh, de verd'anni miei 
sogni e bugiarde larve, 
se troppo vi credei, 
l'incan to ora disparve. 
S'ora chiamato sono, 
al più sublime trono, 
della virtù com'aquila 
sui vanni m'alzerò, ah, 
e vincitor de secoli 
il nome mio faro. 



¡Gran Dios!
Ellos, sobre estos mármoles sepulcrales,
afilan la daga para darme muerte.
¡Cetros! ¡ Riquezas! ¡Honores!
¡Bellezas!
¡Juventud! ¿Que sois?
Barcas navegando sobre
el mar de los años
a quienes las olas
golpean con penas incesantes,
hasta que, al alcanzar el
arrecife de la tumba,
tu nombre se hunde contigo en la nada.
¡Oh!, sueños y embustes
de mis años juveniles,
si he creído en vosotros,
vuestro conjuro se ha desvanecido.
Si ahora soy llamado
al trono más sublime,
me elevaré como un águila
sobre las alas de la virtud, ¡ah!
y convertiré mi nombre
en el conquistador de los siglos.

Verdi sacia con esta aria el hambre de barítono que previsiblemente tiene el público, porque aún no ha tenido un momento en el que se encuentre solo en escena. He puesto la letra por la belleza del libretto de Piave, que aquí presenta varias metáforas.

El genio de Busseto da via libre al cantante, al dejarlo prácticamente solo, acompañado nada más que de un chelo en casi toda el aria (además de algún pizzicato), y con la orquesta subrayando con fosforito la última frase: "e vincitor de secoli il nome mio farò". 
Hay dos maneras de resolver el final de la misma: con agudo o con grave. Lo ilustro con sobresalientes ejemplos. 







1. Piero Cappuccilli, que se va decididamente al agudo. Grande!

2. Sherrill Milnes, en dulce decadencia, opta como siempre por ir hacia arriba y agarrar bien el agudo, pero quiere engañar al público. Amaga con descender al grave con "faaaa" en 2.40, y de golpe sorprende positivamente a los tifosos del Met alzando el vuelo como si fuera un avión que va a tocar el mar y justo antes se levanta victorioso.

3. Renato Bruson. Al grave como siempre, más que nada porque Riccardo Muti no le deja dar el agudo, sencillamente porque no está escrito.

4. Carlos Álvarez, malagueño, barítono actual y de primera línea. Sus problemas vocales en la última década han lastrado la muy prometedora continuidad de su carrera. Ha intentado volver varias veces y recaído después. Ahora parece que viene la definitiva. Ojalá sea así. Podría ser el barítono verdiano que necesitamos. Prefiere ir al grave.

lunes, 25 de febrero de 2013

Ernani (VIII). Aria sólo para Pavarotti



Cuando quedan solos, Silva invita a Ernani a un duelo pero éste no quiere luchar con quien le ha salvado la vida. Le expone el peligro que corre Elvira al estar también Carlo enamorado de ella y le convence de unir sus fuerzas con las suyas para vengarse del rey. Una vez conseguido ese objetivo, Silva puede disponer libremente de la vida de Ernani, quien da su cuerno de caza en prenda de juramento: si Silva lo hace sonar, Ernani deberá morir.

Esta aria que aparece en las funciones del Met sólo se la he escuchado a Pavarotti. No se canta en ninguna otra grabación discográfica ni DVD que no sea con el gran Luciano, y por cierto, de manera sublime, extraordinaria Verdi la escribiría para realzar de forma más manifiesta el personaje de Ermani con una segunda aria bien completa, con su cabaletta y todo, perfecta para que un buen tenor descolle. Cada vez disfruto más con Pavarotti. Esta entrada se la dedico al coautor de la idea del blog, Hervé, que disfruta (casi) tanto como yo de la soleada voz del tenor de Módena, de donde el vinagre.

domingo, 24 de febrero de 2013

Ernani (VII). El Rey se lleva a Elvira al no encontrar a Ernani.

Silva a escondido a Ernani ante la llegada del Rey, quien pregunta por el bandido. Silva no lo entrega, y el Monarca decide, quizá por causa de "interés público", tomar a Elvira como rehén. Lo chocante es que en la escena ella aparece más conforme de lo que cabría que pensar.

Al barítono le faltaba algo de presencia, ya que hasta ahora prácticamente Ernani y Elvira han monopolizado la ópera. Aquí pues se le da algo de más juego, a la espera de su aria del Acto III, con el pequeño fragmento a ritmo de cabaletta (lo vedremo, veglio audace) y posteriormente otro con el que trata de convencer a Elvira de que vaya con él (Vieni meco, sol di rose).