Se oyen los himnos de doncellas y niños romanos, y con ellos aparece el mismo anciano del sueño de Attila, el Papa de Roma, que impide el avance de las tropas de Attila. Éste, incomprensiblemente, se arrodilla ante el poder de Dios y del obispo, sorprendiendo a todos por el giro en su actitud. El Papa Leone le amenaza, exigiéndole que se mantenga alejado del territorio de Dios. La parálisis sorprendería incluso al público, que entiende a Attila como un personaje no tan noble y flexible.
Musicalmente este final-cuarteto con ritmo ternario es una joya, por sus melodías, crescendos, instrumentación...Acaba de forma serena a diferencia de los finales del segundo y tercer acto, que veremos.
Attila se despierta de una pesadilla: en su avance hacia Roma me detiene un anciano invencible.
Para superar el sueño, decide llamar a sus hombres y emprender inmediatamente la caminata en dirección Roma, por cualquier camino (todos los caminos conducen a Roma). Aquí evidentemente el cuerpo te pide una cabaletta.
Attila es la ópera de Verdi con un bajo como protagonista de entre las relevantes, pues Oberto también lo es aunque de manera menos significativa.
1. Samuel Ramey es el mejor Attila de la discografía. Porque posee el volumen más que suficiente para afrontarlo, agilidad sobresaliente en su voz, la facilidad para todos los registros, especialmente del agudo, que Attila exige. Y si dirige Muti, el delirio es inevitable.
2. Nicolai Ghiaurov, bajo importantísimo de los 60, 70 y 80, cantó mucho este papel, no tanto como Ramey y no tan maravillosamente, aunque tampoco queda muy lejos.
3. El gran bajo-barítono José Van Dam (no confundir con el actorucho ese de las películas de peleas) creo que sólo la grabó en un CD de arias, nada despreciable.
Entra Foresto, quien rechaza el abrazo que le da Odabella porque ésta está conviviendo con el asesino de su propio padre (se ha ido a acompañar a Attila). Ella le recuerda la historia bíblica de Judith, que en similares circunstancias salvó Israel. Foresto admite que está poniendo muchas pegas y accede a abrazar a Odabella.
No os perdáis de vista este dúo, con una estructura cerrada y perfecta, unas frases que dan juego a la expresión de los cantantes y la orquesta, unas melodías irresistibles y tentadoras que entran a la primera (como en todo el Attila), y una cabaletta que impulsa una fuerza a la pareja que debe contagiar a su vez al público.
Cheryl Studer con Kaludi Kaludov, quien no huele a Verdi, con Muti dirigiendo en La Scala.
Cristina Deutekom con Carlo Bergonzi, dirigiendo Gardelli. Merece la pena por las frases de Bergonzi, que el tenor anterior no es capaz de articular de forma tan magistral como el de Busseto. No se le puede sacar más brillo a Foresto.
En las afueras de Aquileia, dirección Roma, donde Attila ha montado su campamento, Odabella recuerda a Foresto y a su padre.
Muy distinta es esta aria del Acto I de la del Prólogo. Es reflexiva, nocturna, serena, melancólica, da otra imagen de Odabella. Lo que aumenta la dificultad del papel, ya que no sólo se requiere potencia, metal y coloratura sino también destreza y estilo para las partes más líricas. Un completo.
Cara Patria, già madre e reina, di possente e magnanimi figli!!!
Querida patria, ya madre y reina, de poderosos y magnánimos hijos. ¿No es bello para una ardiente cabaletta?
Foresto llega a Aquileia para proponer liderar a sus ciudadanos la reconstrucción de las ruinas que dejó Attila, que se convertirá en Venezia.
1. Carlo Bergonzi, al que ya conocéis porque bien me preocupo de ello, es el modelo absoluto de Foresto. No se le ha podido sacar más partido al personaje, que si bien no es EL protagonista tiene excelentes páginas de lucimiento. Disfrutad de su poesía, porque sólo nos quedan grabaciones (tiene casi 90 años).
2. Veriano Luchetti, con un canto de altura (no tan tan sensacional como en su grabación de una década atrás, que no he encontrado en youtube), que intenta, sin conseguirlo porque es imposible, igualar la poesía de Bergonzi.
3. Nicola Martinucci. Estupenda opción es la de este otro tenor italiano, más brutote que los anteriores en el canto (más brocha gorda, pero siempre en comparación con ellos) y al mismo tiempo con una voz de mayor atractivo, con agudos extra de mil quilates.
En Attila, por primera vez Verdi compone música claramente descriptiva. Define a la perfección la tormenta (tema antes utilizado soberbiamente por Rossini), y un progresivo amanecer que trae buen augurio a los derrotados de Aquileia. Aparece Foresto en barca a liderar la reconstrucción de Aquileia, que se convertirá en la posterior Venezia.
He puesto el Attila de la Scala completo porque no he encontrado el corte, por lo que hay que escuchar desde el 23.30 hasta el 31.20, cuando Foresto empieza su mítica aria.
Cuando cesa la tormenta, a partir de 26.20 suenan tímidamente las flautas y violines evocando los débiles rayos solares y los colores anaranjados en el horizonte, estructura que va in crescendo tanto en velocidad como en volumen, alcanzando el súmum sobre el 28.30. en el 29 aparere Foresto (fijaos en las melodías de entrada de los personajes, siempre avisan al público de que alguien se acerca, esto en Verdi es clave).
Dejamos el aria de Foresto para la próxima entrada, que será en unos minutos porque ayer no pude publicar.
Ezio, general romano como se puede comprobar en el vídeo, intenta pactar el mapa con Attila, como si jugaran al Risk. Está dispuesto a dejarle el Universo a cambio de quedarse Ezio con Italia: "Avrai tu l'Universo, resti l'Italia a me" (tendrás tú el Universo pero déjame Italia a mí). Esta frase la repite Ezio 14 veces (14!!), así que imaginaos el delirio del público veneziano en 1846, que interrumpió al general con un "a noi, resti l'Italia a noi!!" (a nosotros, defiéndela para nosotros, o dánosla a nosotros), con la posición humillante del ejército austriaco, presente en el teatro.
Dos ejemplos geniales os presento esta tarde. Este dúo incita a una nueva escucha, y cada vez se descubren más matices y riqueza.
1. Attila: Samuel Ramey; Ezio: Giorgio Zancanaro; dirige R. Muti, La Scala 1989/90. Se incluye en el DVD más redondo y modélico de esta maravillosa ópera verdiana. Muti, según el libro de Fernando Fraga, de selección de CDs, "dirige con una amplia exposición, muy matizados los momentos melódicos y con mucho vigor en las partes enérgicas. Su acompañamiento es de una sutileza y un cuidado apabullantes, amparando al intérprete vocal y en muchos casos superándolo en poesía, imaginación y estilo. Con Muti, como con Toscanini, el oyente se siente tentado en atender más a la labor de la batuta que a la de las partes vocales, tan expresiva, rica y comunicativa".
2. Attila: Nicolai Ghiaurov; Ezio: Cappuccilli; dirige Giuseppe Patané (La Scala 1975). dos titanes vocales con una buena batuta que no se quedan muy atrás, mejor por Cappu que por Ghiaurov, en ocasiones tosco y de brocha gorda (comparad con Ramey y lo entenderéis bien). El estilo de Cappuccilli sí que es intachable.
El libretto, por si queréis cantar como yo hago. EZIO
Tardo per gli anni, e tremulo,
È il regnator d'Oriente;
Siede un imbelle giovine
Sul trono d'Occidente;
Tutto sarà disperso
Quand'io mi unisca a te...
Avrai tu l'universo,
Resti l'Italia a me.
ATTILA(severo)
Dove l'eroe più valido
È traditor, spergiuro,
Ivi perduto è il popolo,
E l'aer stesso impuro;
Ivi impotente è Dio,
Ivi è codardo il re...
Là col flagello mio
Rechi Wodan la fè!
EZIO(rimettendosi)
Ma se fraterno vincolo
Stringer non vuoi tu meco,
Ezio ritorna ad essere
Di Roma ambasciator.
Dell'imperante Cesare
Ora il voler ti reco...
ATTILA
È van!
Chi frena or l'impeto
Del nembo struggitor?
Vanitosi! Che abbietti e dormenti
Pur del mondo tenete la possa,
Sovra monti di polvere e d'ossa
Il mio baldo corsier volerà.
Spanderò la rea cenere ai venti
Delle vostre superbe città.
EZIO
Fin che d'Ezio rimane la spada,
Starà saldo il gran nome romano:
Di Châlons lo provasti sul piano
Quando a fuga t'aperse il sentier.
Tu conduci l'eguale masnada,
Io comando gli stessi guerrier.
(Partono entrambi da opposte parti)
Ezio
Lento por los años, e indeciso,
es el emperador de Oriente;
y se sienta un jovencito
en el trono de Occidente.
Todo será dispersado
cuando yo me una a ti...
Tú tendrás el universo,
deja Italia para mí.
ATILA(severo)
Donde el héroe más valioso
es traidor y perjuro,
allí está perdido el pueblo,
y el mismo aire es impuro;
allí impotente es Dios,
allí es cobarde el rey...
¡Allí con mi látigo
reinará la fe de Wotan!
AECIO(reprimiéndose)
Pues si un vínculo fraterno
no quieres hacer conmigo,
Aecio vuelve a ser
embajador de Roma...
Del reinante César
ahora la voluntad te comunico...
ATILA
¡Es inútil!
¿Quién puede frenar ahora
el ímpetu de la nube destructora?
¡Vanidosos y abyectos!
Sobre montes de polvo y huesos
mi valor cabalgará.
¡Arrojaré al viento
las cenizas de vuestras
orgullosas ciudades!
AECIO
Mientras que Aecio tenga la espada,
estará seguro el gran nombre romano.
En la llanura de Châlons lo probaste
cuando la prudencia te obligó a huir.
Tú conduces las mismas hordas,
y yo los mismos guerreros.
(Salen cada uno por un lado)