Como explicaba en la entrada anterior, Arrigo intenta convencer a Elena de los motivos que le llevaron a salvar a Monforte, a lo que ella le compadece, semuestra comprensiva, y vuelve la llama del amor.
No es muy típica la estructura de este dúo, que da pie con un agitado "recitativo" (no parece tal por la riqueza y claridad de sus melodías) y no continúa con el habitual cantabile sino que el Maestro intercala un aria preciosa para la soprano, que provoca su fin con una suave y luminosa cabalettina.
De 1.51.30 a 2.04.40
Maria Callas deja a más de uno petrificado en esta sentida interpretación.
La Cerquetti nos regala ese timbre prodigioso y aliento verdiano sobresaliente.
Cada vez entenderé menos por qué la Caballé no grabó oficialmente Vespri. ¡Está que se sale!
Los dúos
El primer fragmento que escuché de Vespri fue esta misma grabación del dúo en voces de Alagna y Gheorghiu, que no grabaron la ópera completa. Se han vuelto a divorciar por enésima vez, ¿será la última?
Caballé y Gedda, más en estilo la primera que el segundo.
Fruto de los nuevos privilegios de que ahora goza Arrigo, le han concedido un permiso para visitar a sus amigos a la cárcel. Elena al principio le rechaza por traidor pero él comienza a explicarse y ella a entenderle.
Arrigo es un tenor lírico-spinto verdiano con la peculiaridad de requerir un registro agudo más amplio y seguro que para otros personajes verdianos de la cuerda. Quizá por ello no ha sido un papel frecuente, y más de uno y de dos omiten el duettino del Acto V, que pide un Re agudo (!!), el cual escucharemos dentro de poco. Es un tenor de fuerza, por tanto, que tenga facilidad para plegarse a momentos más líricos, muy abundantes.
Sorprendente y lamentablemente, Bergonzi no ha grabado (no sé si cantado) I Vespri Siciliani, una de las pocas de Verdi de las que no hemos escuchado su voz. Sí tenemos el recitativo y aria de Arrigo que nos ocupa, y si bien es cierto que no soy proclive a poner cantantes que no han desarrollado la ópera en concreto, por ser Bergonzi hago una excepción.
Plácido sí cantó y grabó Arrigo, uniendo energía, teatralidad, entrega, señorío y un estilo impecable. Sorprendente si tenemos en cuenta que el registro agudo no ha sido su mejor baza.
Richard Tucker muestra su mejor estilo verdiano haciéndonos olvidar su poco afortunado timbre.
Merritt es un tenor habitualmente encuadrado en Rossini, que fue reclamado para Arrigo quizá por la brillantez de sus agudos, y aunque canta de maravilla, carece del alto verdianismo de otros colegas. Repito, canta más que bien. De 2.19.00 a 2.28.05.
A pesar de la mala calidad del sonido, podemos apreciar el brillo y la seducción de Bonisolli en esta magnífica aria.
El caso de este tenor, Gregory Kunde, es de libro. Quizá sea el único que ha cantado el Otello de Rossini (1816) y el de Verdi (1887), que sólo comparten el argumento, porque canora y estilísticamente son casi opuestos: Rossini es de coloraturas, agilidades, lirismo contenido; el de Verdi necesita fuerza y vigor, arrebato, no lejos de delicadeza o lirismo pero entendido de otra manera. Pues este señor lleva en repertorio ambos simultáneamente, con otros personajes muy dispares. Tiene 60 años y sigue llenando "plazas de toros", es toda una referencia dada el hambre de tenor verdiano actual que los aficionados padecemos.
Escuchar hasta 9.35.
Luchetti cantó el aria alternativa, también bellísima y que acabo de conocer ahora mismo buscando en Youtube.
La fiesta está en su punto álgido después del ballet, y los conspiradores Elena y Procida se introducen para planear el homicidio del gobernador. Arrigo, con su conflicto interno, advierte a Monforte de que corre peligro, que se aleje. El gobernador se muestra confiado porque está en su casa, qué le podría pasar. En efecto, Elena se dirige a apuñalarlo cuando Arrigo a tiempo se interpone y lo salva. El ejército arresta a los conspiradores salvo a Arrigo, perdonado por su padre. Procida y Elena lo consideran un traidor ya que nada saben de su dilema familiar.
Es un terreno propicio para una escena de masas, a lo grande, con todo el coro y la orquesta al máximo.
De 1.30.55 a 1.40.55, con subtítulos.
De 2.06.20 a 2.18.05. Escenografía superior, así como la batuta de Muti, siempre espléndida y brillante.
Verdi se ve obligado a componer un ballet para el estreno de I Vespri en París, como toda ópera allí estrenada. Ya lo hizo con Macbeth pero de manera menos extensa. Aquí el maestro demuestra su exquisito gusto musical para integrar este magnífico ballet en la escena. Se divide en las 4 estaciones: invierno, primavera, verano y otoño.
Es una maravilla, lo digo yo que no soy un gran amante del ballet aunque me gusta bastante.
Lamentablemente, es habitual suprimirlo sobre todo en Italia, para que se haga menos larga, aunque su eliminación resta cierto sentido a la trama.
Entra un oficial con Arrigo, detenido, le pregunta al gobernador el castigo a imponerle, y éste le absuelve para hablar tranquilamente con él. Le empieza por sugerir que ha habido relación y aprecio entre ellos para inmediatamente enseñarle la carta. Arrigo tarda en atar cabos, o no los quiere atar, y concluye, desesperado, que la consecuencia es perder a su amada Elena. Monforte se muestra más afable y conciliador, con una actitud muy distinta a Arrigo, que casi ni le mira y no atiende a razones. Incluso le insulta, lo que cabrea a Monforte en esa prodigiosa cabaletta.
Sin ser I Vespri una de mis favoritas de Verdi, contiene fragmentos excepcionales, de primera, de mi top ten, como este dúo paterno-filial que integra el canto con la expresión, las melodías, los colores, los tempi en un dúo redondo y compacto (como los CD). Si os acordáis de la obertura, toma la melodía principal del dúo, que aquí aparece dos veces: la primera iniciada por Monforte más serena, la última a modo de cabaletta tomada por Arrigo agresiva y desesperada. Ole Verdi.
IMPECABLES Plácido y Sherrill
La última parte del dúo con Zancanaro y Merritt.
De 1.19.50 a 1.30.20. Nucci y Armiliato con subtítulos en español. No les hace falta escenografía para que sus interpretaciones cautiven.
Queso francés intenso y potente como la escena que nos acompaña, un pasta blanda auténtico, es el Munster
En una escena de lo más íntima, Monforte recuerda aquella joven siciliana a la que raptó, quien después le escribió una carta justo antes de morir comentándole que la dejó preñá, y ese hijo es precisamente Arrigo. Está rodeado de lujos, sí, pero añora a su hijo y quiere recuperarlo (como Juncal aunque con algo más de sinceridad). Casualidad es que lea precisamente la carta en ese momento y no lo supiera antes. Escena íntima, decía, porque se encuentra sólo en sus aposentos y aparece el lado más paternal de este en principio cruel y despótico personaje. Con esta aria, si el barítono es bueno, probablemente se haya ganado la popularidad del espectador.
Monforte es otro de los grandes papeles de padre "alla verdiana", siguiendo la estela de Nabucco, Foscari o Rigoletto, con unas exigencias vocales similares y algunos sentimientos comunes, quizá complicados por lo contradictorios que pueden resultar, ¡y es que el romanticismo es eso! Monforte debe ser un caballero, no un simple tirano, con empaque, brillo, solera.
Sherrill Milnes, en uno de sus mejores roles, en el que se puede lucir a lo grande.
Zancanaro, a las ópdenes de Muti, también es referencia para Monforte, especialmente en el carácter autoritario que le imprime combinándolo con la vis paternal de manera prodigiosa.
Bruson, uno de los mejores fraseadores que ha dado la lírica italiana, no podía faltar en este selección.
De 1.09.15 a 1.19.00. Nucci, con subtítulos en español. Con sus virtudes y defectos, es una gozada escucharlo y verlo en teatro, es un oasis en medio del desierto operístico verdiano hoy.
Un oficial francés se dirige a Arrigo con una invitación a una fiesta en casa de Monforte, el gobernador. El revolucionario la rechaza, pero lo arrestan y lo llevan a la gala en contra de su voluntad. Varias parejas de jóvenes se divierten bailando al son de una tarantella, y los oficiales franceses, prendados de la belleza de las chicas, intentan raptarlas.
Procida y Elena ven la ocasión perfecta para atacar a Monforte, y consolidan su conspiración.
Verdi es especialista en escenas festivas, frecuentes en sus óperas, y les aporta un brillo fresco e irresistible.
Tarantellas y otros bailes sureños se combinan con una especie de barcarolla al final serenísima y de sabor marinero.
De 1.00.30 a 1.12.30. Para cambiar un poco, Las Vísperas de Muti en La Scala