Leonora, que quiere convertirse en eremita y vivir a pan y agua en una cueva perdida en medio de la sierra (Dios mundo cruel, como diría Juncal), es presentada pues ante la comunidad de frailes como nuevo ermitaño con todos los honores. El Padre Guardiano les advierte que no podrán comunicarse con ella y que quien lo haga recibirá la maldición eterna (cualquiera se atreve). Leonora reza y pide a la Virgen de los Ángeles y se dirige a cumplir la penitencia que ella mismo se ha impuesto.
Tenemos un breve fragmento instrumental que nos recuerda la melodía de la "pietà" de Leonora, seguido con las palabras del Padre Guardiano y el coro cantando con brío.
Al final, calma, misticismo, religión, paz espiritual, sosiego. El Señor está en la música de Verdi.
De 1.06.15 al final. Price hace lo que quiere en el mal sentido.
Price en su mejor momento, para que no os quedéis con una mala imagen suya sino todo lo contrario.
Tebaldi, que es Leonora.
Montse, aquí espléndida con esos pianissimi...
TUTTI: La Vergine degli Angeli Vi copra del suo manto, E voi protegga vigile Di Dio l'Angelo santo. LEONORA: La Vergine degli Angeli Mi copra del suo manto, E mi protegga vigile Di Dio l'Angelo santo. La Vergine degli Angeli E me protegga, me protegga L'Angiol di Dio Me protegga L'Angiol di Dio Me protegga E me protegga
Os propongo más versiones del dúo de Leonora y Guardiano, que me quedé con ganas de más. Al final de la entrada podréis comparar la original con la reformada.
De 55.00 a 1.06.55 escuchamos a la Price de sus mejores y gloriosos días con un giorgio Tozzi notable como Padre Guardiano. A la batuta un director de lujo, Thomas Schippers.
Caballé y rinaudo, que no lo había escuchado antes, en el Liceu allá por el 79. Caballé está francamente bien, no en su mejor día, con el pero de su exagerado dramatismo en algunos ataques y sus graves poco estéticos. De 1.00.40 a 1.13.45
Es interesantísimo comprobar las diferencias entre la primera versión de 1862 y la segunda de 1869 aquí en este maravilloso dúo. Se perciben claramente en la cabaletta.
Esta noche que da comienzo a octubre, el mes más verdiano del año de este año tan verdiano, tenemos dos platos fuertes: uno el que he publicado hace un momento, esa grandiosa aria de Leonora suplicando misericordia a Dios; otro el sublime dúo de Leonora con el Padre Guardiano, puede que en mi top 10 de dúos verdianos.
Empieza la escena con algo de comedia representada por Fray Melitone, un monje del santuario de la Virgen de los Ángeles en Hornachuelos, que al escuchar la llamada de Leonora a eso de las 3 de la mañana le pregunta no sin mosqueo qué es lo que quiere, y le advierte que la iglesia abre a las 5 si es que viene al Jubileo. Leonora, recordemos disfrazada de hombre, insiste para que llame a Guardiano, que es un asunto de enorme importancia. Cuando llega el Padre le ordena que se marche, que los deje solos, y a esto refunfuña, que siempre es lo mismo, que se le considera inferior y no puede atender esos asuntos extraordinarios...
Leonora le cuenta la historia al Padre, que lo primero que le dice es que se vaya a un convento. Ella coje un cabreo que pa qué, que de convento nada, que se irá por los bosques buscando comida. También le comenta que ha escuchado la llamada del Señor, al que ha rezado anteriormente. Padre Guardiano cede (cabaletta) y le sugiere que se vaya a una gruta en el monte como una ermitaña, a donde le llevará comida a diario. Leonora, inmensamente agradecida, se ve a salvo.
Si hay una ópera en todo el catálogo verdiano en la que la religión tiene peso (hay muchas) es Forza, y no es complicado de comprobar ya que toda la escena del Acto en que nos encontramos sucede en un santuario, y 2 personajes de la ópera, no protagonistas pero sí de cierta relevancia, son frailes.
Padre Guardiano es un bajo profundo, de autoridad, sereno y solemne, que cuenta con esta página de lucimiento, la que le sigue con el coro y además el último Acto, en un diálogo con Melitone y el místico final de la ópera. De Melitone hablaré más adelante, aunque señalo, ya que estoy, que a diferencia de la seriedad de Guardiano, aquél es socarrón, contestatario, quejica y de la antigua escuela. Tiene un aria en el acto IV.
El dúo cuenta con partes algo diferenciadas. Primero el recitativo hasta ...Infelice, delusa, rejetta (de Leonora..., a lo que sigue esa melodía tan dulce, aliviadora y reconfortante que inicia Padre Guardiano en 6.40. Leonora coge el cabreo en 8.25 (tono menor y frases cortas e incisivas), pero cuenta la voz del cielo (tono mayor) a lo que le sucede otra maravillosa melodía entre los dos ...è questo il porto chi tal conforto mi toglierà... Por último, la cabaletta que es ya lo mejor de lo mejor. Como diría mi amigo Sebas, ¡es crema! Viva VERDI!
Renata Tebaldi y Cesare Siepi,que es lo mismo que Leonora y Padre Guardiano, con dirección de Mitropoulos en Firenze, 1953,, en esa milagrosa grabación que me regaló hace unos meses mi GRAN amigo Hervé con muy buen criterio, por cierto.
De 51.05 a 1.06.00. Price (un desastre absoluto) y Giaiotti (digno). Es por los subtítulos, ya sabéis...
Leonora ha pensado y bien que no es mala idea escaparse de la posada y buscar otro refugio: la Iglesia. Acude pues al santuario de la Virgen de los Ángeles en Hornachuelos, por la oscura sierra norte andaluza. Pietà signor, pietà di me.
La segunda aria de Leonora, lejos de esa cavatina "Me pellegrina ed orfana...dolce mia terra addio..." tan melancólica, comienza con un agitado recitativo (se repite la melodía que Verdi utiliza en la obertura, que es el tema del destino) hasta que inicia la plegaria algo más calmada, pues va recuperando el aliento perdido tras la búsqueda del santuario. Pide piedad al Señor
Tebaldi, mano de hierro con guante de seda.
De 45.00 a 51.45. Leontyne Price, con unos agudos poderosísimos, un centro de terciopelo y una nostalgia y debilidad interpretativas que son las que Leonora pide.
Montse, que vive el personaje con gravedad contando por ese año 78 con unos medios que cualquier otra soprano quisiera. Nos deja sin aliento.
El sonido de tambores de Preziosilla se interrumpe por la procesión de los peregrinos que van al jubileo y como católicos que son, los clientes de la posada se unen a los rezos de manera íntima contrastándose con la fiesta precedente. Leonora sigue algo oculta pero no deja de rezar y cantar (tú sigue así que te van a pillar).
A continuación, Don Carlo aprovecha el Pisuerga y decide interrogar brevemente a los que rondaban por allí para que le informen sobre quién es el viajero desconocido que acompañaba a Trabuco (papel breve para tenor, arriero, que trata de ayudar a Leonora en la taberna, y algo socarrón aportando un toque cómico a Forza, como lo hará también Fra Melitone) y que no ha bajado a cenar sospechosamente. Trabuco lo esquiva sin soltar prenda. Ante las demandas de los huéspedes, Carlo cuenta su historia haciéndose pasar por un amigo suyo que la cuenta en 3ª persona.
Nadie se sabe de la pareja, pero la gente a la que ha preguntado le comenta que la mujer ha muerto y que el seductor indigno ha huido a América (qué concreto). Preziosilla no se cree un pelo de lo que dice. El Alcalde, para rebajar tensión, los manda a dormir, que ya está bien por hoy.
Carlo es un barítono poderoso, vengativo, orgulloso, con malos sentimientos, monocorde y que no evoluciona. Quiere vengarse a toda costa de la muerte de su padre, sea en la Costa del Sol o la Costa Blanca. A diferencia de otros barítonos verdianos como Rigoletto, Foscari o Nabucco, en Carlo no hay conflicto interno, tiene todo muy clarito, lo que le resta interés como personaje aunque musicalmente se considera un barítono verdiano de primera, un miura bien bravo.
De 33.00 a 37.00. Price, Verrett, Merrill con ese coro y esa gran orquesta dirigida por Thomas Schippers en grabación de estudio aquí completa, año 1965.
De 33.00 a 44.00. Nucci es lo mejor del reparto y merece la pena escucharlo, así como la procesión que le antecede (salvo Price).
Como la cavatina es cortita vamos a escuchar unas cuantas versiones:
Bastianini, en escena.
Zancanaro, con Muti dirigiendo.
Milnes, con un apuntador muy preciso y un buen La natural como broche.
Poco antes de cenar, la gente intenta hacer tiempo en la posada, cantando, hablando y viendo algún baile. Entre los asistentes se encuentra el mismísimo Carlo di Vargas, hermano de Leonora e hijo, como es natural, de su padre. Carlo no está allí de casualidad, pues busca a su hermana para vengar la muerte de su padre (¡si la culpa no la tiene ella!), ya que piensa, quién sabrá por qué, que está por esa zona. Ella entra y lo ve sin que se diera cuenta por fortuna para Leonora, y se esconde donde buenamente puede. Va disfrazada de hombre.
Llega la gitana Preziosilla cuyo nombre lo dice, o debería decirlo todo. Anima la tarde a los hombres que por allí aparecen y se deja querer, pero esa noche anuncia que ha estallado la guerra en Italia contra los alemanes, y anima a los hombres para que se enrolen en el ejército si quieren ganer dinero y honor.
Preziosilla merece una mención distinguida, pues es un personaje mal valorado por buena parte de aficionados, normalmente no verdianos aunque alguno verdiano también, por su vulgaridad, poca integración en el drama de verdad, pero es un papel muy difícil vocalmente que debe ser cantado por una mezzo con agilidades. Por su estilo de echadora de cartas nos anuncia el ambiente creado por Bizet en Carmen una década después, y conecta por tanto con el género francés. Es cantinera y le pagar por reclutar soldados, por lo que debe aunar frescura y hospitalidad al mismo tiempo que coraje, valor y algo de belicismo. Sonos conscientes de su amor por los tambores, que los menciona en sus dos arias. ¿Me gusta el personaje de Preziosilla? Sí, qué pasa.
De 26.20 a 33.00. De nuevo repito, sólo lo pongo por la escena y los subtítulos (y la dirección y coro)
De 29.00 a 32.55. Shirley Verret, una de las más gloriosas Preziosillas grabadas. ¿La llegó a cantar en directo?
Arrebatado sube Don Alvaro por el balcón para huir juntos y casarse lo antes posible. Leonora, como vimos ayer, no está tan segura y prefiere posponer. Alvaro finge mosquearse ("que no me quieres, que nunca me haces caso...") logrando la decisión de Leonora de huir esa misma noche.
Con tanto alboroto y por la noche, los habitantes del castillo avisaron al Marqués de que alguien había entrado de manera poco ortodoxa, y naturalmente, el Marqués va en ropa de cama a la habitación de su hija a ver qué sucede. Se encuentra con lo que se encuentra, con el indigno en su propia casa, nada más y nada menos. Le insulta, le viene a decir que es un subalterno y un pobre desgraciado. Claro, Álvaro no se va a quedar quieto: saca una pistola para defenderse pero sin intención de disparar (eso se cuenta, pero las armas las carga el diablo como bien se dice). Ved en la escena de abajo lo que pasa, que no tiene desperdicio. A ver cómo se come eso.
La orquesta describe la entrada apoteósica y furtiva de Alvaro (a veces si el tenor es conocido el público le aplaude, cortando la tensión verdiana...), que da comienzo a un dúo con forma tradicional y contenido moderno, medio dialogado y cantado, con cabaletta potente al final cuando Leonora se decide. La entrada del Marqués interrumpe el dúo con la agresiva melodía qye encabeza la genial obertura.
Mario del Monaco y Renata Tebaldi. Gran pareja artística en los 50 con repertorio verdiano y verista.
Bergonzi y Price, en unas funciones americanas de gloria que me gustaría conseguir.
De 24 a 26.15. Sólo para que veáis la escena y el texto (el único DVD que he encontrado con subtítulos en español), porque salvo el tenor, los cantantes cometen un verdicidio. A la Price escuchadla en el de arriba, que es la Price de verdad.