Posa va a visitar a Don Carlo al calabozo no para tomarse un té con pastas sino con la intención de salvarlo, porque la Inquisición ha atribuido como de Posa los documentos "herejes" que guardó y que eran de Don Carlo, además de contarle que es Posa el líder de los flamencos sublevados.
Aparecen dos hombres de la Inquisición y uno de ellos dispara a Posa, hiriéndolo de muerte. Sus últimas palabras son que la reina le espera, a Don Carlo, en Yuste, en la tumba de Carlos V (su abuelo), y ya de paso le reclama desesperadamente salvar Flandes.
Aria maravillosa de barítono, donde por fin se luce a lo grande (si es que puede), de estas en las que el cantante está que se muere con un dolor insoportable pero aún así puede cantar de gloria. Cosas que sólo entendemos los fósforos de la ópera.
Entra Felipe II en el calabozo para liberar a su hijo y éste, no contento con ello, le acusa de ser cómplice en la muerte de Posa. El Rey también está muy afligido porque era su confidente.
Hay jaleo en la entrada de la cárcel para ver a Don Carlo, y Felipe II ordena que abran las puertas. Éboli aconseja a Don Carlo que huya, y por otro lado aparece entre la gente el Gran Inquisidor, que exige al pueblo que se arrodille ante su Rey.
De 3.00.35 a 3.03.50 http://www.youtube.com/watch?v=44MqYQfkU8A
Se quedan solas Elisabetta y Éboli, quien arrepentida le confiesa a la Reina que fue la que le robó el joyero y se lo entregó al Rey, presa de sus celos. La Reina, piadosa ella, está dispuesta a perdonarla, pero ahí no queda la cosa: ¡Éboli confiesa que ha sido la amante del Rey! La Reina toma medidas, dándole a elegir entre el exilio y el claustro, con un día para pensárselo.
Éboli, en su gran aria, echa la culpa a su belleza de tantas desgracias. Como le queda un día en la Corte, decide aprovecharlo para compensar a la Reina en algo, por lo que acude a ver a Don Carlo para liberarlo de la cárcel.
El aria comienza con un "recitativo", siguiendo el cantabile en "O mia regina...", con arrebato cuando se acuerda de Carlo y se propone salvarlov(un dì mi resta, un dì mi resta...me queda un día). Un auténtico caramelo de aria, cálida al inicio, furiosa y enérgica al final, siempre con unas melodías que sólo han podido salir del puño de Verdi. Éboli es una leona celosa y arrepentida, y así escuchamos la música que le define.
Elisabetta entra turbada y pide justicia porque le han robado un cofrecito donde guardaba todas sus pertenencias. El Rey, con calma, se lo enseña porque fue él quien lo cogió y le pide que lo abra, y como ella rehúsa a hacerlo es él quien lo abre. Aparece, naturalmente, un retrato de su hijo y le pregunta a la Reina por qué lo guarda. Ella le recuerda que antes fue prometida de Don Carlo, y el Rey le llama adúltera. La Reina, sin fuerzas, cae desmayada, y el Rey pide socorro arrepintiéndose de su descontrol. Aparecen Éboli y Posa para ayudarla, y el Rey deja de sospechar de su adulterio por su manera de actuar. Éboli se lamente de haberla delatado, Posa considera que hay que tomar cartas en el asunto, mientras Elisabetta lamenta su vida, qué ha hecho para merecer esto.
Un cuarteto de excepción, sensacional, perfectamente compuesto y con las voces impecablemente integradas es el que hoy nos toca. Lo cantan el bajo Felipe II, la soprano real, la mezzo princesa y el barítono duque. Muy aristocrático todo, como la ópera que nos ocupa. Escuchad, escuchad.
Ghiaurov, Quilico, Freni, Bumbry. De 2.31.00 a 2.40.15.
Raimondi, Milnes, Caballé, Verret. La mejor versión de este cuarteto.
Felipe II pide consejo al Gran Inquisidor acerca de qué castigo imponer a su hijo Carlo por su desmesurada conducta, y duda entre la ejecución y el destierro. El Gran Inquisidor, nonagenario y ciego pero con un magnífico control sobre la Iglesia española, le autoriza al Rey para matarlo por hereje (aquí el que se mueve es hereje), aunque le advierte de que Posa es también peligrosísimo para la Iglesia y el Estado, y que hay que condenarlo igualmente. El Rey duda en hacer caso del Inquisidor aunque entiende que ni él mismo puede hacer frente al poder de la Iglesia.
La oscuridad alcanza su cénit en este dúo de bajos, que más tenebroso no puede imaginarse. La situación y el perfil de los personajes obliga a plantear unas frases prolongadas, un acompañamiento plúmbeo de la orquesta, solemne, formalísimo, un auténtico diálogo sobre el poder. Por favor, leedlo, lo he adjuntado abajo.
En la primera parte es Felipe II quien pregunta y por ello domina en la misma, mientras que coge el relevo el Inquisitore (allor son io che a voi parlerò - ahora me toca hablar a mí). El mismo Felipe II claudica ante la Iglesia entregándole a Posa (Dunque il trono piegar dovrà sempre all'altare - así el trono deberá plegarse siempre ante el altar).
De 2.21.05 a 2.30.45. Ghiaurov y Furlanetto
Jerome Hines (Inquisitore) y Paul Phliska (Felipe II). Dirige Levine
Hines de nuevo, aquí con 29 años, y Siepi con 27 como Felipe II, soberbios como mínimo.
Ghiaurov de nuevo pero como Inquisitore, y Raimondi como Felipe II (en estudio). Dirige Giulini
Scena Seconda
(Filippo, il Grande Inquisitore, cieco,
nonagenario, entra sostenuto da due
frati domenicani. Il Conte di Lerma.)
IL CONTE Dl LERMA
Il Grande Inquisitor!
L'INQUISITORE
Son io dinanzi al Re...?
FILIPPO
Si; vi feci chiamar, mio padre!
In dubbio io son,
Carlo mi colma il cor
d'una tristezza amara.
L'infante è a me ribelle,
Armossi contro il padre.
L'INQUISITORE
Qual mezzo per punir scegli tu?
FILIPPO
Mezzo estremo.
L'INQUISITORE
Noto mi sial
FILIPPO
Che fugga... che la scure...
L'INQUISITORE
Ebbene?
FILIPPO
Se il figlio a morte invio,
M'assolve la tua mano?
L'INQUISITORE
La pace dell'impero i di val d'un ribelle,
FILIPPO
Posso il figlio immolar al mondo
io cristian?
L'INQUISITORE
Per riscattarci Iddio il suo sacrificò.
FILIPPO
Ma tu puoi dar vigor a legge si severa?
L'INQUISITORE
Ovunque avrà vigor,
se sul Calvario l'ebbe.
FILIPPO
La natura,
l'amor tacer potranno in me?
L'INQUISITORE
Tutto tacer dovrà per esaltar la fè.
FILIPPO
Stà ben.
L'INQUISITORE
Non vuol il Re su d'altro interrogarmi?
FILIPPO
No.
L'INQUISITORE
Allor son io che a voi parlerò, Sire.
Nell'ispano suol mai l'eresia dominò,
Ma v'ha chi vuol minar
l'edificio divin;
L'amico egli è del Re, il suo fedel compagno,
Il demon tentator che lo spinge a rovina.
Di Carlo il tradimento che giunse a t'irritar
In paragon del suo futile gioco appar.
Ed io, l'inquisitor,
io che levai sovente
Sopra orde vil di rei la mano mia possente,
Pei grandi di quaggiù, scordando la mia fè,
Tranquilli lascio andar un gran ribelle...
e il Re.
FILIPPO
Per traversare i di dolenti in cui viviamo
Nella mia Corte invan cercato
ho quel che bramo,
Un uomo! Un cor leale! Io lo trovai!
L'INQUISITORE
Perchè un uomo?
Perché allor il nome hai tu di Re,
Sire, se alcun v'ha pari a te?
FILIPPO
Non più, frate!
L'INQUISITORE
Le idee del novator in te son penetrate!
Infrangere tu vuoi con la tara debol man
Il santo giogo, esteso sovra l'orbe roman...!
Ritorna al tuo dover;
La Chiesa all'uom che spera,
A chi si pente,
Puote offrir la venia intera;
A te chiedo il signor di Posa.
FILIPPO
No, giammai!
L'INQUISITORE
O Re, se non foss'io con te nel reggio ostel
Oggi stesso, lo giuro a Dio,
Doman saresti presso il Grande Inquisitor
Al tribunal supremo.
FILIPPO
Frate!
troppo soffrii il tuo parlar crudel!
L'INQUISITORE
Perché evocar allor l'ombra di Samuel?
Dato ho finor due Regi
al regno tuo possente...!
L'opra di tanti di tu vuoi strugger, demente!
Perchè mi trovo io qui?
Che vuol il Re da me?
(Per uscire)
FILIPPO
Mio padre, che tra noi la pace alberghi ancor
L'INQUISITORE
La pace?
FILIPPO
Obliar tu dei quel ch'è passato.
L'INQUISITORE
Forse!
(Esce)
FILIPPO
(Solo)
Dunque il trono
piegar dovrà sempre all'altare!
EL CONDE DE LERMA
¡El Gran Inquisidor!
EL INQUISIDOR
¿Estoy ante el rey...?
FELIPE
Sí. Os he hecho llamar, padre;
Tengo dudas.
Carlos me llena el corazón
de una tristeza amarga.
El infante me es rebelde,
y se ha armado contra su padre.
EL INQUISIDOR
¿Qué método de castigo escoges tú?
FELIPE
El más duro.
EL INQUISIDOR
Me sea sabido...
FELIPE
Que huya... o que el hacha...
EL INQUISIDOR
Y, ¿bien?
FELIPE
Si a mi hijo envío a la muerte,
¿me absuelve tu mano?
EL INQUISIDOR
La paz del imperio vale los días de un rebelde
FELIPE
¿Puedo sacrificarle al mundo a mi hijo,
yo, cristiano?
EL INQUISIDOR
Para salvarnos, Dios sacrificó al suyo.
FELIPE
Pero, ¿tú puedes dar vigor a tan severa ley?
EL INQUISIDOR
Está siempre en vigor,
si se aplicó en el Calvario.
FELIPE
La naturaleza, el amor,
¿pueden silenciarse en mí?
EL INQUISIDOR
Todo se acalla para exaltar la fe.
FELIPE
Está bien.
EL INQUISIDOR
¿No quiere el rey preguntarme nada más?
FELIPE
No.
EL INQUISIDOR
Entonces, seré yo quien os hable, Señor.
En el suelo hispano jamás dominó la herejía;
pero hay quien quiere minar la obra divina.
El amigo del rey, su fiel compañero,
el demonio tentador que lo impulsa a la ruina.
De Carlos, la traición que tanto te irritó
es, en comparación, un juego fútil.
Y yo, el inquisidor,
yo que he levantado a menudo mi mano poderosa
sobre la vil horda de herejes,
por grande que fueran aquí abajo,
olvidando mi fe,
tranquilo dejo andar a un gran rebelde...
y el rey.
FELIPE
Para soportar los hirientes días que vivimos
en vano he buscado en mi Corte
a aquél que deseo, ¡Un hombre!
¡Un corazón leal! ¡Y lo he encontrado!
EL INQUISIDOR
¿Por qué un hombre?
¿Por qué entonces ostentas el nombre de rey?
Señor, ¿es que hay alguien que os iguale?
FELIPE
¡Ya basta, hermano!
EL INQUISIDOR
¡Las ideas del inovador han penetrado en ti!
Pretendes sacudirte, con tu débil mano,
el yugo santo que cubre a todo el orbe romano.
Vuelve a tu deber.
La Iglesia, al hombre que confía,
al que se arrepiente,
puede ofrecerle venia completa.
Te pido al señor de Posa.
FELIPE
¡No! ¡jamas!
EL INQUISIDOR
¡Oh, rey! Si no estuviese contigo en palacio
hoy mismo, lo juro por Dios,
mañana estaríais preso ante el Gran Inquisidor
en el tribunal supremo.
FELIPE
¡Hermano!
¡Demasiado estoy sufriendo ya tu crueldad!
EL INQUISIDOR
¿Por qué evocar ahora la sombra de Samuel?
He dado ya dos reyes
a tu reino poderoso...!
¡Esa gran obra quieres tú destruir, loco!
¿Para qué estoy yo aquí?
¿Qué quiere el rey de mí?
(A punto de irse)
FELIPE
Padre mío, que entre nosotros haya paz.
EL INQUISIDOR
¿Paz?
FELIPE
Olvidar debes todo lo que ha pasado.
EL INQUISIDOR
Tal vez.
(Se va.)
FELIPE
(A solas)
¡Así, pues, el trono
debe plegarse siempre al altar!...
Acto IV. Felipe II trabaja en sus aposentos a solas, y se siente tremendamente abandonado a pesar de ser el Rey más poderoso de la faz de la Tierra. Nadie le ama, ni Elisabetta la Reina. Por si fuera poco, ha fracasado también como padre y sólo le resta el gran poder que ostenta.
Verdi retrata aquí la faceta más íntima de Felipe II, mostrándonos un Rey sensible, frágil, con nobilísimos acentos en sus geniales frases, sumido en la más triste desolación. Es una figura magnánima no sólo vocal sino también dramáticamente, una de las creaciones más cuidadas y reconocidas del Maestro. El chelo introductorio pone voz a la grave situación afectiva que vive nuestro Monarca.
Cesare Siepi, de voz profunda y bellísima, con unos acentos de alta nobleza, sumada a su madurez vocal consigue un excepcional dramatismo. El más grade Felipe II de la discografía.
Samuel Ramey en La Scala, dirigiendo, Muti, en uno de sus papeles más queridos y mejor logrados. Quizá el último gran bajo hasta hoy.
Un bajo fundamental de la actualidad es Rene Pape
Ferruccio Furlanetto
Ruggero Raimondi, de voz bella aunque clara para Felipe II. Dirige Zubin Mehta.
Entra Don Carlo acompañado de unos diputados flamencos (éste va a liarla), que se postran ante el rey pidiendo el fin de la masacre. Felipe II no les quiere hacer caso, les dice de todo, incluso infieles, pide que los guardias los alejen , a pesar de que todo el pueblo comprende sus reclamaciones. Para rizar el rizo, Don Carlo pide a su padre que le nombre gobernador de Flandes, y el Rey dice nones porque sospecha, y sospecha bien, que no compartirían la misma política.
Don Carlo, harto de todo, desenvaina la espada contra su padre como amenazándole, a lo que éste lo considera un ultraje y pide que desarmen a su hijo. Sorprendentemente, Posa cumple los deseos del Rey y por ello le nombra Duque allí mismo. El Rey, junto con la Reina, se dirige a sus poltronas para observar el Auto de Fe. Los condenados sufren su pena impuesta y una voz del cielo consuela las almas de las víctimas.
Continuación del Auto de Fe, con los coros del pueblo pidiendo clemencia para los flamencos y situaciones tensas iniciadas por Don Carlo con su espadita. Todo un espectáculo de masas delicioso y exuberante.
En una gran plaza frente a Nuestra Señora de Atocha se va a proceder a un Auto de Fe de la Inquisición, donde la multitud se congrega para ver pasar a los condenados guiados por los frailes. Se abren las puertas y aparece el Rey Felipe II, aclamado unánimemente.
Espectacular escena de masas, iniciada por un Preludio con repique de campanas. El pueblo está exultante (Spuntato ecco il dì d'esultanza), no así los herejes condenados (il dì spuntò, dí del terrore...el día despuntó, día del terror), con frases tenebrosas, graves y sufridoras.
La regia que os propongo, para cambiar un poco, es la de Zeffirelli para la Scala en 1992, aquí en un estilo gótico majestuoso, asimismo con brillante vestuario, bellísimo y convencional de manera que todos podamos entender la ópera sin las atrocidades escénicas tan típicas de hoy.
Dirige Muti, con la velocidad que le caracteriza.