martes, 5 de noviembre de 2013

Don Carlo (XIX). Aria de la Reina (II).

Más versiones del Tu che la vanità

Anita Cerquetti

Daniela Dessì




Ghena Dimitrova



Don Carlo (XVIII). La Reina esperando a Don Carlo en la tumba de Carlos V. ¡Qué romántico! ¡Pasqualino!

En el claustro del Monasterio de yuste, Elisabetta aguarda la llegada de Don Carlo, que ya fue advertido por Posa. Reza pidiendo a Carlos V que se apiade de su eterno dolor. Su intención es saludar a Don Carlo por última vez y que cada uno se busque su destino olvidándose ambos. Ella, tan en lo suyo, no está atenta a los wasap que le manda Don Carlo, que dice que le quedan 10 minutos para llegar.

Atención al aria, que se las trae. Una auténtica prueba de fuego para la soprano por sus continuas dificultades. Le precede una introducción orquestal que nos anuncia las mágicas melodías que nos va a cantar la Reina, seguida de una plegaria a Carlos V (Tu che le vanità conoscesti del mondo...Tú que conociste las vanidades del mundo) y se despide posteriormente con dolor y angustia de sus sueños de oro, el día de Fontainebleau (Addio, bel sogni d'or, illusion perduta!). Isabel pone por tanto sus obligaciones reales por encima de los amoríos con Don Carlo.

Montse



Tebaldi



De 3.04.05 a 3.15.10. Mirella Freni


Leontyne Price. Lástima que no la grabara en estudio.


Como estamos en Yuste, qué mejor que un queso extremeño como el Pascualino, que lo he comprado hoy mismo en la Lechera.


Don Carlo (XVII). Primera víctima. Aria de Posa.

Posa va a visitar a Don Carlo al calabozo no para tomarse un té con pastas sino con la intención de salvarlo, porque la Inquisición ha atribuido como de Posa los documentos "herejes" que guardó y que eran de Don Carlo, además de contarle que es Posa el líder de los flamencos sublevados.
Aparecen dos hombres de la Inquisición y uno de ellos dispara a Posa, hiriéndolo de muerte. Sus últimas palabras son que la reina le espera, a Don Carlo, en Yuste, en la tumba de Carlos V (su abuelo), y ya de paso le reclama desesperadamente salvar Flandes.

Aria maravillosa de barítono, donde por fin se luce a lo grande (si es que puede), de estas en las que el cantante está que se muere con un dolor insoportable pero aún así puede cantar de gloria. Cosas que sólo entendemos los fósforos de la ópera.

Cappuccilli
http://www.youtube.com/watch?v=RmPCIHI8sWs

Entra Felipe II en el calabozo para liberar a su hijo y éste, no contento con ello, le acusa de ser cómplice en la muerte de Posa. El Rey también está muy afligido porque era su confidente.
Hay jaleo en la entrada de la cárcel para ver a Don Carlo, y Felipe II ordena que abran las puertas. Éboli aconseja a Don Carlo que huya, y por otro lado aparece entre la gente el Gran Inquisidor, que exige al pueblo que se arrodille ante su Rey.
De 3.00.35 a 3.03.50
http://www.youtube.com/watch?v=44MqYQfkU8A

Milnes




Corneil MacNeil


Renato Bruson

Giorgio Zancanaro

domingo, 3 de noviembre de 2013

Don Carlo (XVI). Conflicto de mujeres. Aria de Éboli

Se quedan solas Elisabetta y Éboli, quien arrepentida le confiesa a la Reina que fue la que le robó el joyero y se lo entregó al Rey, presa de sus celos. La Reina, piadosa ella, está dispuesta a perdonarla, pero ahí no queda la cosa: ¡Éboli confiesa que ha sido la amante del Rey! La Reina toma medidas, dándole a elegir entre el exilio y el claustro, con un día para pensárselo.

Éboli, en su gran aria, echa la culpa a su belleza de tantas desgracias. Como le queda un día en la Corte, decide aprovecharlo para compensar a la Reina en algo, por lo que acude a ver a Don Carlo para liberarlo de la cárcel.


El aria comienza con un "recitativo", siguiendo el cantabile en "O mia regina...", con arrebato cuando se acuerda de Carlo y se propone salvarlov(un dì mi resta, un dì mi resta...me queda un día). Un auténtico caramelo de aria, cálida al inicio, furiosa y enérgica al final, siempre con unas melodías que sólo han podido salir del puño de Verdi. Éboli es una leona celosa y arrepentida, y así escuchamos la música que le define.

De 2.40.15 a 2.48.00. Grace Bumbry.

Shirley Verret


Fiorenza Cossotto

Dolora Zajick

Daniela Barcellona.



jueves, 31 de octubre de 2013

Don Carlo (XV). Tras la tempestad llega la calma. Cuarteto bajo-barítono-soprano-mezzo.

Elisabetta entra turbada y pide justicia porque le han robado un cofrecito donde guardaba todas sus pertenencias. El Rey, con calma, se lo enseña porque fue él quien lo cogió y le pide que lo abra, y como ella rehúsa a hacerlo es él quien lo abre. Aparece, naturalmente, un retrato de su hijo y le pregunta a la Reina por qué lo guarda. Ella le recuerda que antes fue prometida de Don Carlo, y el Rey le llama adúltera. La Reina, sin fuerzas, cae desmayada, y el Rey pide socorro arrepintiéndose de su descontrol. Aparecen Éboli y Posa para ayudarla, y el Rey deja de sospechar de su adulterio por su manera de actuar. Éboli se lamente de haberla delatado, Posa considera que hay que tomar cartas en el asunto, mientras Elisabetta lamenta su vida, qué ha hecho para merecer esto.

Un cuarteto de excepción, sensacional, perfectamente compuesto y con las voces impecablemente integradas es el que hoy nos toca. Lo cantan el bajo Felipe II, la soprano real, la mezzo princesa y el barítono duque. Muy aristocrático todo, como la ópera que nos ocupa. Escuchad, escuchad.


Ghiaurov, Quilico, Freni, Bumbry. De 2.31.00 a 2.40.15.

Raimondi, Milnes, Caballé, Verret. La mejor versión de este cuarteto.


Ghiaurov, Waetcher, Janowitz, Verret


Siepi, Sereni, Jurinac, Cossotto

martes, 29 de octubre de 2013

Don Carlo (XIV). Estado e Iglesia platican sobre severos asuntos. Dúo de bajos.

Felipe II pide consejo al Gran Inquisidor acerca de qué castigo imponer a su hijo Carlo por su desmesurada conducta, y duda entre la ejecución y el destierro. El Gran Inquisidor, nonagenario y ciego pero con un magnífico control sobre la Iglesia española, le autoriza al Rey para matarlo por hereje (aquí el que se mueve es hereje), aunque le advierte de que Posa es también peligrosísimo para la Iglesia y el Estado, y que hay que condenarlo igualmente. El Rey duda en hacer caso del Inquisidor aunque entiende que ni él mismo puede hacer frente al poder de la Iglesia.

La oscuridad alcanza su cénit en este dúo de bajos, que más tenebroso no puede imaginarse. La situación y el perfil de los personajes obliga a plantear unas frases prolongadas, un acompañamiento plúmbeo de la orquesta, solemne, formalísimo, un auténtico diálogo sobre el poder. Por favor, leedlo, lo he adjuntado abajo.

En la primera parte es Felipe II quien pregunta y por ello domina en la misma, mientras que coge el relevo el Inquisitore (allor son io che a voi parlerò - ahora me toca hablar a mí). El mismo Felipe II claudica ante la Iglesia entregándole a Posa (Dunque il trono piegar dovrà sempre all'altare - así el trono deberá plegarse siempre ante el altar).

De 2.21.05 a 2.30.45. Ghiaurov y Furlanetto


Jerome Hines (Inquisitore) y Paul Phliska (Felipe II). Dirige Levine

Hines de nuevo, aquí con 29 años, y Siepi con 27 como Felipe II, soberbios como mínimo.



Ghiaurov de nuevo pero como Inquisitore, y Raimondi como Felipe II (en estudio). Dirige Giulini


Scena Seconda

(Filippo, il  Grande Inquisitore, cieco, 
nonagenario, entra sostenuto da due 
frati domenicani. Il Conte di Lerma.)

IL CONTE Dl LERMA 
Il Grande Inquisitor!

L'INQUISITORE 
Son io dinanzi al Re...?

FILIPPO 
Si; vi feci chiamar, mio padre! 
In dubbio io son, 
Carlo mi colma il cor 
d'una tristezza amara.
L'infante è a me ribelle, 
Armossi contro il padre.

L'INQUISITORE 
Qual mezzo per punir scegli tu?

FILIPPO 
Mezzo estremo.

L'INQUISITORE 
Noto mi sial

FILIPPO
Che fugga... che la scure...

L'INQUISITORE 
Ebbene?

FILIPPO 
Se il figlio a morte invio, 
M'assolve la tua mano?

L'INQUISITORE
La pace dell'impero i di val d'un ribelle,

FILIPPO 
Posso il figlio immolar al mondo 
io cristian?

L'INQUISITORE 
Per riscattarci Iddio il suo sacrificò.

FILIPPO
Ma tu puoi dar vigor a legge si severa?

L'INQUISITORE 
Ovunque avrà vigor, 
se sul Calvario l'ebbe.

FILIPPO 
La natura, 
l'amor tacer potranno in me?

L'INQUISITORE
Tutto tacer dovrà per esaltar la fè.

FILIPPO
Stà ben.

L'INQUISITORE
Non vuol il Re su d'altro interrogarmi?

FILIPPO
No.

L'INQUISITORE 
Allor son io che a voi parlerò, Sire. 
Nell'ispano suol mai l'eresia dominò, 
Ma v'ha chi vuol minar 
l'edificio divin; 
L'amico egli è del Re, il suo fedel compagno,
Il demon tentator che lo spinge a rovina. 
Di Carlo il tradimento che giunse a t'irritar
In paragon del suo futile gioco appar. 
Ed io, l'inquisitor, 
io che levai sovente 
Sopra orde vil di rei la mano mia possente,
Pei grandi di quaggiù, scordando la mia fè,
Tranquilli lascio andar un gran ribelle...
e il Re.

FILIPPO
Per traversare i di dolenti in cui viviamo
Nella mia Corte invan cercato 
ho quel che bramo,
Un uomo! Un cor leale! Io lo trovai!

L'INQUISITORE
Perchè un uomo?
Perché allor il nome hai tu di Re,
Sire, se alcun v'ha pari a te?

FILIPPO 
Non più, frate!

L'INQUISITORE
Le idee del novator in te son penetrate!
Infrangere tu vuoi con la tara debol man
Il santo giogo, esteso sovra l'orbe roman...!
Ritorna al tuo dover; 
La Chiesa all'uom che spera, 
A chi si pente, 
Puote offrir la venia intera; 
A te chiedo il signor di Posa.

FILIPPO 
No, giammai!

L'INQUISITORE
O Re, se non foss'io con te nel reggio ostel
Oggi stesso, lo giuro a Dio,
Doman saresti presso il Grande Inquisitor
Al tribunal supremo.

FILIPPO
Frate! 
troppo soffrii il tuo parlar crudel!

L'INQUISITORE 
Perché evocar allor l'ombra di Samuel? 
Dato ho finor due Regi 
al regno tuo possente...! 
L'opra di tanti di tu vuoi strugger, demente! 
Perchè mi trovo io qui? 
Che vuol il Re da me?

(Per uscire)

FILIPPO
Mio padre, che tra noi la pace alberghi ancor

L'INQUISITORE
La pace?

FILIPPO 
Obliar tu dei quel ch'è passato.

L'INQUISITORE
Forse!

(Esce)

FILIPPO
(Solo) 
Dunque il trono 
piegar dovrà sempre all'altare!


EL CONDE DE LERMA
¡El Gran Inquisidor!

EL INQUISIDOR
¿Estoy ante el rey...?

FELIPE
Sí. Os he hecho llamar, padre;
Tengo dudas.
Carlos me llena el corazón 
de una tristeza amarga.
El infante me es rebelde,
y se ha armado contra su padre.

EL INQUISIDOR 
¿Qué método de castigo escoges tú?

FELIPE 
El más duro.

EL INQUISIDOR
Me sea sabido...

FELIPE
Que huya... o que el hacha...

EL INQUISIDOR 
Y, ¿bien?

FELIPE 
Si a mi hijo envío a la muerte, 
¿me absuelve tu mano?

EL INQUISIDOR
La paz del imperio vale los días de un rebelde

FELIPE
¿Puedo sacrificarle al mundo a mi hijo,
yo, cristiano?

EL INQUISIDOR
Para salvarnos, Dios sacrificó al suyo.

FELIPE
Pero, ¿tú puedes dar vigor a tan severa ley?

EL INQUISIDOR
Está siempre en vigor, 
si se aplicó en el Calvario.

FELIPE
La naturaleza, el amor, 
¿pueden silenciarse en mí?

EL INQUISIDOR
Todo se acalla para exaltar la fe.

FELIPE
Está bien.

EL INQUISIDOR
¿No quiere el rey preguntarme nada más?

FELIPE
No.

EL INQUISIDOR 
Entonces, seré yo quien os hable, Señor. 
En el suelo hispano jamás dominó la herejía;
pero hay quien quiere minar la obra divina.
El amigo del rey, su fiel compañero, 
el demonio tentador que lo impulsa a la ruina.
De Carlos, la traición que tanto te irritó
es, en comparación, un juego fútil. 
Y yo, el inquisidor, 
yo que he levantado a menudo mi mano poderosa
sobre la vil horda de herejes, 
por grande que fueran aquí abajo, 
olvidando mi fe, 
tranquilo dejo andar a un gran rebelde...
y el rey.

FELIPE
Para soportar los hirientes días que vivimos
en vano he buscado en mi Corte 
a aquél que deseo, ¡Un hombre! 
¡Un corazón leal! ¡Y lo he encontrado!

EL INQUISIDOR 
¿Por qué un hombre? 
¿Por qué entonces ostentas el nombre de rey?
Señor, ¿es que hay alguien que os iguale?

FELIPE 
¡Ya basta, hermano!

EL INQUISIDOR
¡Las ideas del inovador han penetrado en ti!
Pretendes sacudirte, con tu débil mano,
el yugo santo que cubre a todo el orbe romano.
Vuelve a tu deber.
La Iglesia, al hombre que confía,
al que se arrepiente,
puede ofrecerle venia completa.
Te pido al señor de Posa.

FELIPE 
¡No! ¡jamas!

EL INQUISIDOR
¡Oh, rey! Si no estuviese contigo en palacio 
hoy mismo, lo juro por Dios, 
mañana estaríais preso ante el Gran Inquisidor
en el tribunal supremo.

FELIPE 
¡Hermano! 
¡Demasiado estoy sufriendo ya tu crueldad!

EL INQUISIDOR 
¿Por qué evocar ahora la sombra de Samuel? 
He dado ya dos reyes 
a tu reino poderoso...! 
¡Esa gran obra quieres tú destruir, loco!
¿Para qué estoy yo aquí? 
¿Qué quiere el rey de mí?

(A punto de irse)

FELIPE
Padre mío, que entre nosotros haya paz.

EL INQUISIDOR
¿Paz?

FELIPE
Olvidar debes todo lo que ha pasado.

EL INQUISIDOR
Tal vez.

(Se va.)

FELIPE
(A solas)
¡Así, pues, el trono 
debe plegarse siempre al altar!...


lunes, 28 de octubre de 2013

Don Carlo (XIII). Felipe II se siente solo. Genial aria para bajo

Acto IV. Felipe II trabaja en sus aposentos a solas, y se siente tremendamente abandonado a pesar de ser el Rey más poderoso de la faz de la Tierra. Nadie le ama, ni Elisabetta la Reina. Por si fuera poco, ha fracasado también como padre y sólo le resta el gran poder que ostenta.

Verdi retrata aquí la faceta más íntima de Felipe II, mostrándonos un Rey sensible, frágil, con nobilísimos acentos en sus geniales frases, sumido en la más triste desolación. Es una figura magnánima no sólo vocal sino también dramáticamente, una de las creaciones más cuidadas y reconocidas del Maestro. El chelo introductorio pone voz a la grave situación afectiva que vive nuestro Monarca.

Cesare Siepi, de voz profunda y bellísima, con unos acentos de alta nobleza, sumada a su madurez vocal consigue un excepcional dramatismo. El más grade Felipe II de la discografía.




Samuel Ramey en La Scala, dirigiendo, Muti, en uno de sus papeles más queridos y mejor logrados. Quizá el último gran bajo hasta hoy.

Un bajo fundamental de la actualidad es Rene Pape


Ferruccio Furlanetto

Ruggero Raimondi, de voz bella aunque clara para Felipe II. Dirige Zubin Mehta.