Gran escena final del conocido como dúo de la tumba, en el que Aida acude a la tumba donde será enterrado vivo (!!) Radamés para morir junto a él. Se abre el cielo tanto en la escena como en la música.
Aida acaba en pianissimo, dulcemente, en contraste con su popular espectacularidad.
Verdi celestial.
De 2.21.50 al final
Bergonzi y Gencer. Menudo espectáculo. Radamés no será el mejor papel verdiano de Bergonzi, pero aquí destaca sobre otros compañeros en su fraseo y delicado lirismo. Un nudo en la garganta.
Para enmarcarlo entre oro y piedras preciosas. Ambos nos transportan a otra realidad. Bergonzi, y Price, Leontyne y Carlo.
Escena escalofriante es el juicio de Radamés, con no más garantías que el derecho de audiencia pero sin respetar otros principios jurisdiccionales como el derecho a asistencia letrada, entro otros. Radamés insiste en callar por tres veces ante las acusaciones de traición del tribunal egipcio, y por ello es condenado. Amneris se encuentra sumida en la más profunda amargura.
Siento sinceramente no poder escribir con más detalle, por falta de tiempo.
En una sala del Palacio Real, contigua a la de donde Radamés será juzgado, Amneris da vueltas y vueltas para encontrar una solución con el fin de salvar a Radamés. que a pesar de todo lo sigue amando. Ordena que se lo traigan y que se disculpe ante los sacerdotes, pero él lo rechaza sabiendo que no servirá de nada arrepentirse. Amneris le hace una última oferta: que renuncie a Aida para siempre. Radamés prefiere ser condenado, contento porque Aida ha logrado escapar.
De 2.00.50 a 2.10.25 Dolora Zajick y Plácido Domingo
Radamés, en un ambiente tan nocturno y sosegado, pensaba que se encontraba solo con Aida, y se atrevió a confesarle que la ruta secreta es el sendero de Nápata (le gole di Napata).
Emocionado, sale Amonasro de su escondite clamando poco menos que victoria. Al tenor se le cae el pelo, se pone blanco y se fustiga con razón al oír a Amonasro identificarse como Rey de Etiopía.
Oh casualidad casualidad, estaba por allí Amneris que le acusa de traidor con toda su energía. No es para menos. Amonasro trata de apuñalarla pero Radamés se interpone por sentido de Estado. Aida y su padre aprovechan el tumulto para huir, y Radamés se entrega al gran sacerdote Ramfis porque reconoce su culpa.
Esto está al rojo vivo, como el programa del mediodía de la Sexta.
Una vez escondido Amonasro entre las frondosas palmeras aparece de seguido Radamés, que había quedado con Aida como recordamos. Radamés insiste en que está dispuesto a pedirle al faraón que le permita casarse con Aida, tras vencer a los etíopes, que se han puesto otra vez furiosetes. Aida teme a la reacción probable de Amneris, y sugiere que huyan para evitar problemas.
Radamés se muestra reticente al principio, pero accede a la huida. Ella entonces le pregunta por dónde, y...
Dúo de estructura algo tradicional, con una parte más brava al inicio en voz del tenor, seguido de un diálogo más bien en piano, muy lírico y delicado, con una especie de cabaletta al final (Si fuggiam da queste mure) cuando Radamés toma la decisión de huir.
De 1.45.45 a 1.55.10. Domingo y Millo, dirige Levine
Un Domingo mejor de voz (con 17 años menos) y una Caballé de ensueño, a las órdenes de Muti
Amonasro da un susto de muerte a su hija, que estaba tan tranquila evocando a su patria. El rey etíope quiere utilizarla aprovechando que está liada con Radamés para liberarse y destruir al pueblo egipcio. Para ello le exige que averigue cuál es la vía de escape de los egipcios en el caso de que sean atacados. Primero la alaga, luego le amenaza, incluso le insulta, dejándola humillada.
De 1.37.45 a 1.45.45. Millo y Milnes, dirige Levine
Tebaldi y MacNeil, dirige Karajan
Caballé y cappuccilli, dirige Muti
Maria Chiara y Joan Pons, a quien he visto en su despedida del Liceo en este mismo papel.