domingo, 8 de diciembre de 2013

Otello (III). Yago la lía. Escena del Brindis.

Ante todo pido disculpas por no haber publicado en los últimos diez días, pues he estado de viaje por la Toscana, pasando por Roma con el único objetivo de ver y escuchar al maestro Muti dirigiendo Ernani, esa delicia verdiana que todos los lectores conoceréis o deberíais conocer. En Firenze no conocía la ópera programada y fui a la aventura : Il capello di Paglia di Firenze, de Nino Rota, más famoso por sus bandas sonoras. Como cierre de año operístico asistí en Madrid a Elisir, de Donizetti, que no sólo de Verdi vive el hombre.

Este retraso implicará que lamentablemente las entradas sean más breves, copiando el argumento literalmente, porque debo de publicar dos diarias de media en lo que queda de año para entrar en tiempo.


"El alférez de Otello, Yago, se ofrece a ayudar al joven veneciano Roderigo en su seducción de la esposa de Otelo, Desdémona, porque él (Yago) quiere vengarse del moro (Yago, Roderigo: Roderigo, ebben che pensi? / "Bien, Roderigo, ¿en qué estás pensando?"). Otelo ha nombrado a Cassio capitán de la armada, un cargo que Yago confiaba en obtener. El pueblo de Chipre celebra el regreso de la armada encendiendo una hoguera (Coro: Fuoco di gioia!/ "¡Fuego de alegría!").
En la taberna, Yago propone un brindis por Otelo y su esposa, Desdémona, mientras Cassio alaba a Desdémona exageradamente (Yago, Cassio, coro, Roderigo: Roderigo, beviam! / "Roderigo, ¡bebamos!"). Yago ofrece vino a Cassio, pero este dice que ya tiene bastante. Yago lo presiona, y cuando Yago ofrece un brindis por Otelo y Desdémona, Cassio se rinde. Yago canta unbrindis y sigue sirviendo vino a Cassio (Yago, Cassio, Roderigo, coro: Inaffia l'ugola! / "Mojáos la garganta"). Montano entra y llama a Cassio para que empiece su guardia, pero se queda sorprendido al descubrir a Cassio bebido y prácticamente incapaz de tenerse en pie. Ante la sorpresa de Montano, Yago explica que de esta manera pasa Cassio cada noche.
Roderigo se ríe de la borrachera de Cassio y éste lo ataca. Montano le dice a Cassio que se contenga, pero Cassio saca su espada y amenaza con romper la cabeza de Montano (Montano, Cassio, Yago, Roderigo, coro: Capitano, v’attende la fazione ai baluardi / "Capitán, la guardia te espera en las murallas"). Cassio y Montano empiezan un duelo, y Yago envía a Roderigo que haga sonar la alarma. Cassio hiere a Montano en el momento en que entra Otelo.
Otelo les ordena bajar sus espadas y pide explicaciones al "honesto Yago" para que le explique cómo empezó el duelo, pero Yago dice que él no lo sabe. Otelo entonces se vuelve hacia Cassio, quien se siente avergonzado y no puede excusar sus acciones. Cuando Otelo descubre que Montano está herido, se enoja. Entra Desdémona, y, al ver que ha sido perturbado el descanso de su mujer, Otelo degrada a Cassio que ya no es capitán (Otelo, Yago, Cassio, Montano: Abbasso le spade / "Abajo las espadas")."


De 11.45 a 20.35

jueves, 28 de noviembre de 2013

Otello (II). Tempestad y victoria.

Sin preludio, Verdi empieza de lleno con una tempestad marina cerca de Chipre. Otello y su tropa regresan a casa tras vencer a los turcos, pero el barco zozobra peligrosamente poco antes de llegar. Finalmente, atracan en el puerto sanos y salvos, y celebran el triunfo en la batalla.

Qué gama de sonidos, colores, texturas nos muestra Verdi, quien nos introduce de lleno en la tormenta misma. El viento, la marea, la calma y el chispear del fuego nos fácilmente identificables en esta primera escena. ¿Verdad que apetece seguir?

Hasta 11.45. Plácido como Otello, dirigido por Carlos Kleiber (1976).

25ª: Otello. La modernidad, la apoteosis.

Otello es un "Dramma lirico" en cuatro actos, con libretto de Arrigo Boito, basado en "Othello" de William Shakespeare, estrenada en 1604.

La ópera se representó por vez primera en La Scala, el 5 de febrero de 1887, con dirección de Franco Faccio.

Desdeel estreno de Aida (1871) hasta el de Otello (1887) han pasado casi 16 años, pero no nos engañemos, Verdi no estaba de brazos cruzados: había reformado su Don Carlo y su Simon Boccanegra, componiendo además la Messa da Requiem (1874). Y fuera del ámbito musical, el Maestro estaba interesado en la administración de sus fincas, fue designado senador real, viajaba constantemente observando las reacciones del público en los distintos teatros cuando se representaban sus óperas, construyó la Casa de Reposo para músicos...
Muchos pensaban que Aida era el final de su carrera, una genial ópera en la cima de su madurez, pero diversos hechos animaron a Verdi a componer ya en la setentena.

- Las trampas de Ricordi (su editor), Franco Faccio (director) y Arrigo Boito (joven compositor, al inicio odiaba a Verdi para después pasar a ser su mejor colaborador). Tentaron de una manera compleja de explicar (en el blog que cito aparece) a Verdi a completar un libretto sobre Otello y luego componer la música.

- La muerte de Wagner en 1883 significó por un lado tristeza, por perder a un músico de su categoría y de su misma edad, aunque no escondía Verdi su poca simpatía por la producción wagneriana ("su música es bella pero pesada y aburrida"). Al mismo tiempo, vio la oportunidad ideal de demostrar, con el camino despejado, que él se encontraba al mismo nivel, y que si Wagner era la cumbre de la ópera alemana, Verdi representaba como nadie el estilo italiano.

La gestación de Otello fue más larga que un día sin queso. Verdi se desanimaba por momentos no sólo por su avanzada edad sino también por el riesgo que corría al ofrecer la que probablemente (no fue así) sería su última ópera, y tendría que ser mejor que ninguna, debía superarse a sí mismo: necesariamente tenía que componer la ópera perfecta.

Verdi se ocupó de todos los detalles, no sólo de la partitura y el libretto, obviamente, sino de la producción, de los cantantes, de los ensayos, con una serie de condiciones acordadas con el editor Ricordi:
- Podía hacer todos los ensayos que deseara, a puerta cerrada, y que podía suspenderlos en cualquier momento.
- Que estaba prohibido estrenar Otello si Verdi no estaba satisfecho con los resultados de los ensayos
- Que la orquesta, el director y todo el personal al servicio de la ópera dependían de Verdi.
- Que si se estrenaba sin su autorización podía exigir 100.000 liras a cargo del editor si el teatro no le indemnizaba.

Debido al duro proceso de ensayos, en los que Verdi mostró su carácter más arisco, severo y exigente, se logró una representación apoteósica.

Las entradas se acabaron nada más salir a la venta para todos los días, y no había oferta de butacas para suficiente demanda, por lo que intervino el mercado negro, y se trató de poner sillas en cualquier lugar para cubrir la demanda de decenas de autoridades que no habían conseguido entrada a tiempo.

Toda Europa estaba expectante ante el Otello verdiano, y puede decirse que, por unanimidad, fue el éxito de Verdi por excelencia. Al final de cada acto Verdi no tenía más remedio que salir a escena a saludar por el sinfín de bravos y aplausos. La gente se desgañitaba. Por si fuera poco, a la salida trataron de cogerlo en volandas pero no se dejó, y el viejo maestro era ídolo de masas, como años atrás, más si cabe incluso. El público estaba sumido en un éxtasis único, todos querían tocarle, hablar con él, felicitarle. Y Verdi, que estaba cansado, se metió en su cama, mientras bajo el balcón tocaban música hasta las 5 de la mañana. ¿Hay éxitos así hoy?

Aida (XX). Discografía recomendada.

Numerosas grabaciones, como todos intuiríais, existen de Aida, aunque como siempre resaltaré las que considero mejores.

1. Aida: Montserrat Caballé
    Radamés: Plácido Domingo
    Amneris: Fiorenza Cossotto
    Amonasro: Piero Cappuccilli
Dirige Riccardo Muti (1974). Sonido excelente. Estudio.
Esta versión, con casi 40 años de edad, cuenta con pleno vigor y no ha sido desbancada a mi entender por las subsiguientes. Orquesta y cantantes alcanzan un equilibrio de excelencia, con una compenetración plena especialmente entre la pareja protagonista y Muti. Los pianissimi de la Caballé, no me canso de repetirlo, son de otra galaxia. Plácido no brilla en el agudo tanto como otros compañeros suyos, pero esa es quizá su única pega a una interpretación entregada y plena de matices. Verdi es el compositor de Muti, y Muti es el director de Verdi.

2. A: Renata Tebaldi
    R: Carlo Bergonzi
    Am: Giulietta Simionato
    Amo: Corneil MacNeil.
 Dirige Karajan (1958). Buen sonido. Estudio.
No se queda muy atrás esta otra, con una Tebaldi elegíaca y señorial y un Bergonzi al que no hay quien le sople en la técnica y estilo verdianos. Karajan no siente a Verdi tan idóneamente como Muti, aunque al ser el reparto el principal atractivo uno no atiende tanto a la orquesta.

3. A: Leontyne Price
    R: Jon Vickers
    Am: Rita Gorr
    Amo: Robert Merrill.
Dirige Thomas Schippers (1962). Muy buen sonido. Estudio.
La Price es Aida por el color de su timbre, por su personalidad y su arrojo. Lleva el personaje en sus venas. Vickers no tiene una bella voz, pero canta y comunica bastante bien. Solti, siempre nervioso, brillante, majestuoso.

4. A: Zinka Milanov
    R: Jussi Bjorling
    Am: Fedora Barbieri
    Amo: Leonard Warren.
Dirige Jonel Perlea (1955). Sonido correcto. Estudio.
Aunque suena a antiguo y la batuta no alcanza ni de lejos a las tres figuras anteriores, este cuarteto es único se mire por donde se mire.

martes, 26 de noviembre de 2013

Aida (XIX). Dúo de la tumba. Se abren las puertas del cielo (II)

Plácido y Montse. ¡Esto es ópera!


Del Monaco y Tebaldi



Carreras y Freni.

Bjorling y Milanov.


Es preciso acompañar este dúo con un queso igualmente celestial como el Trou du Cru, borgoñón, de la familia del mismísimo Epoisse




Aida (XVIII). Dúo de la tumba. Se abren las puertas del cielo

Gran escena final del conocido como dúo de la tumba, en el que Aida acude a la tumba donde será enterrado vivo (!!) Radamés para morir junto a él. Se abre el cielo tanto en la escena como en la música.
Aida acaba en pianissimo, dulcemente, en contraste con su popular espectacularidad.
Verdi celestial.

De 2.21.50 al final

Bergonzi y Gencer. Menudo espectáculo. Radamés no será el mejor papel verdiano de Bergonzi, pero aquí destaca sobre otros compañeros en su fraseo y delicado lirismo. Un nudo en la garganta.


Para enmarcarlo entre oro y piedras preciosas. Ambos nos transportan a otra realidad. Bergonzi, y Price, Leontyne y Carlo.


Pavarotti y Chiara, deliciosos.

Aida (XVII). Juicio a Radamés

Escena escalofriante es el juicio de Radamés, con no más garantías que el derecho de audiencia pero sin respetar otros principios jurisdiccionales como el derecho a asistencia letrada, entro otros. Radamés insiste en callar por tres veces ante las acusaciones de traición del tribunal egipcio, y por ello es condenado. Amneris se encuentra sumida en la más profunda amargura.

Siento sinceramente no poder escribir con más detalle, por falta de tiempo. 

De 2.10.25 a 2.21.20. Dolora Zaick

Fiorenza Cossotto

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