El Duque se muestra preocupado por Gilda, que hace ya que no la ve. Entonces los cortesanos le cuentan ufanados que han conseguido raptara la amante de Rigoletto. Claro, el Duque ata cabos y les regaña, porque no es la amante sino la hija. Pide que se la traigan y se la lleva a una habitación. A partir de ahí no se ve nada en escena.
1. Kraus, con explicación de Ricardo Cala en Clásicos Populares, aquel programa que me descubrió la ópera, y que desde hace 5 añosno se emite en RNE. El análisis naturalmente es mejor que lo que pueda yo decir del canto de Krausy las exigencias del aria.
Se acerca alguien por el callejón de Rigoletto. Son Marullo, Borsa y otros cortesanos, que van a raptar a la que creen amante de Rigoletto, que no es otra que Gilda. Oportunamente se tropiezan con Rigoletto, a quien Marullo le explica que van a raptar a la esposa de Ceprano, que vive en la misma calle. Como está tan oscuro él, ingenuo, se lo cree. Lo enmascaran como ellos y aprovechan para vendarle los ojos. Él se dispone a colaborar en el rapto, en el de su propia hija. Se da cuenta tarde, y hace responsable a ¡¡la maldición!!
Cuesta creer que Rigoletto se deje vendar y que esa venda le lo suficientemente sordo para no sentir los gritos desgarradores de socorro de su hija que estaba bajando por la escalera que él mismo estaba sujetando, pero bueno, es lo bello de la fantasía, que te la tienes que creer. Veremos que en Il Trovatore se requiere aún mayor fe.
Como es una operación nocturna y silenciosa, el coro canta suave, ágilmente y de una vez. Cuando la gestión está terminada y Rigoletto espera impaciente, se quita la venda y le entra la histeria. Ahí la orquesta se pone de parte de Rigoletto, para terminar con la maledizione, en la que Muti toca disminuyendo y haciendo crecer el sonido de una manera única, en 56.40.
Gilda despide al Duque con una emoción tremenda, tanta que le llevó a dar (a algunas Gildas) un Re bemol agudo.
Se queda pensando en él y se muestra deseosa de volverlo a ver.
En Rigoletto la soprano aparece algo tarde, a los 20 o 25 minutos, pero Verdi compensa este desequilibrio exigiéndole cantar sin descanso otros 25 minutos en los dos dúos que acabamos de escuchar y en el aria que esta noche os presento, para el que no la conozca.
"Caro nome" es quizá el aria más famosa para soprano de Verdi, rivalizando con las dos de Violeta en La Traviata o, por qué no, el "O patria mia" de Aida. Es habitual en recitales para soprano ligera o lírica de coloratura, se trata de una pieza de mucho lucimiento, una prueba para toda soprano de esta clase.
Es curioso que Gilda sea un papel para una vocalidad de soprano poco común en Verdi. Gilda se encuentra en las antípodas de una Abigaíl de Nabucco, una Lady Macbeth o una Aida, por citar algunos caracteres más "representativos" o típicos de "soprano verdiana". Y es que precisamente, al ser una niña de 16 años, necesitamos una soprano con voz más clara que oscura, con un toque ingenuo, puro, casto, celestial. Ya a lo largo de la ópera va evolucionando el personaje, y esa voz de ligera o lírica-ligera debe pasar a una lírica, con algo más de peso. Por ello, muchas las sopranos que más han frecuentado Verdi, como Caballé, Price, Tebaldi, Freni, Milanov, Cerquetti, han hecho poco o ningún caso a Gilda. Maria Callas es una excepción, la soprano todoterreno. A la inversa, otras que tiran más hacia Donizetti, Bellini, Rossini, o incluso Mozart y el repertorio francés ligero han hecho de Gilda uno de sus papeles fetiche.
Hemos tenido el privilegio de contar con grandes Gildas en la historia discográfica y en los teatros en las últimas décadas. Os propongo las siguientes, a riesgo de que me deje alguna, que siempre pasa:
1. Joan Sutherland, probablemente mi favorita. Ese legato, staccato, legato, staccato a partir de 3.35...ese picoteo, ese trino de 4.30...Se mire por donde se mire, es PERFECTA. Para comérsela.
2. Maria Callas obtuvo enormes éxitos con Gilda a pesar de su voz más dramática. Más seria, con más expresión y carácter, menos barroca que Sutherland. Personalmente, ya lo he dicho, su voz no me gusta por lo a veces estridente y abierta. Ahora bien, no pondré en duda su genio.
3. Luciana Serra, naturalmente no tan conocida y estratosférica como las anteriores, es una soprano con mucha clase.
4. Renata Scotto es considerada por muchos una digna sucesora de la Callas por la afinidad en sus repertorios e incluso en sus estilos interpretativos.
5. Edita Gruberova. Más cercana a Serra o Sutherland que a Callas o Scotto, aunque con un estilo propio, es considerada por muchos como la última mohicana del belcanto (entendido en sentido estricto), ya que actualmente a sus 66 años sigue llenando las plazas.
Como no me quedo satisfecho y vamos bien de tiempo, mañana pondré otras 5 sopranos que tampoco puedo dejar fuera. Porque es una gozada escuchar el Caro nome bien cantado, por muy manido que esté.
Aclaro que salvo en el caso de Sutherland, el resto del orden no sigue necesariamente mis preferencias.
Sale el bufón de la casa y entra en escena el señor que se escondía dentro de la casa. Sin la colaboración de Giovanna, la doncella, no hubiera sido posible esa intrusión para ver a Gilda.
El Duque y Gilda se conocían de vista. Se vieron en la iglesia, único lugar que Gilda visitaba por órdenes de su padre. Ahora se dice que se liga en las bibliotecas, antes parece que la costumbre era hacerlo en Misa, o al menos es lo que pasó entre estos dos. El Duque la siguió hasta su casa y fue allí donde se sorprendió al comprobar que era la hija de Rigoletto. Se presenta como un estudiante, pobre, humilde, con el nombre de Gualtier Maldé. Introducirse como el Duque de Mantua quizá habría alejado a Gilda por su juventud y su corriente rango social (de ella).
EL Duque le canta lo de "È il sol dell'anima..." que la enloquece (a quién no cautiva una melodía y unos versos tan bellos). Y aquí interactúan, como se dice modernamente, en un dúo delicioso, rematado con una cabaletta animadísima en la que se despiden momentáneamente con "Addio addio, speranza ed anima", a veces coronada con un Re bemol agudo, si soprano y tenor lo alcanzan. Fue uno de los fragmentos primeros que escuché de Rigoletto y me enganchó definitivamente a esta ópera, antes de saber lo que era una cabaletta, un tenor ligero o una soprano de coloratura. Estas cosas se van aprendiendo después con el tiempo, pero siempre hay un elemento de enganche que te deja boquiabierto.
1. Pavarotti y Sutherland, a mi juicio la mejor pareja operística para interpretar estos dos papeles. Fraseo y color irresistible el del tenor en È il sol dell'anima...radiante frescura y puerilidad (como tiene que ser en el primer Acto) la de la Sutherland, con un Reb sólido, imbatible. Hasta parece que es sencillo.
2. Kraus y Beverly Sills (que no Hills). Kraus, como Pavarotti, tuvo al Duque entre sus papeles más cantados, hasta el final de su carrera. Cumplidos los 60 años cantaba este juvenil personaje, siempre pareciendo más fresco que otros colegas tenores de menor edad incluso. Kraus es más preciso y aristocrático, más perfeccionista que el de Módena (teniendo en cuenta que el italiano lo es también, estamos comparando a los del Olimpo). Sills tiene unas habilidades y repertorio similares a la Sutherland, es considerada una soprano de categoría, aunque para mi gusto su timbre no alcanza la belleza del de la australiana. También coronan con un Reb sensacional.
3. Juan Diego Flórez y Diana Damrau. Estos dos cantantes son estrellas hoy en día, y pasarán en mi opinión a la historia de la ópera. El primero ha cantado poco el papel por razones que explicaremos más adelante. Ella sí lo frecuenta. He tenido el privilegio de vérselo en NY hace 2 años con magníficos resultados.
Y podría poner decenas más, geniales, quizá mejores que los que he mostrado hoy, es muy difícil elegir. Tenores como Bergonzi, Alagna, Domingo...o sopranos como Callas, Cotrubas, D'Angelo, Scotto, Rost...
Después del "ah no, è follia!", con la mayoría de barítonos optando por el agudo para desgracia de Muti (y no sé si de Verdi), la orquesta se pone contentísima, luminosa, llena de deseo, para dar la bienvenida a Gilda, la escondida hija de nuestro bufón. Éste es el primero de los 3 (Tres!!, y bien largos) dúos de Rigoletto con su hija. La madre de Gilda murió, y sólo están el uno para la otra y viceversa.
Gilda tiene 16 años y como es natural se queja de que su padre no le deja salir más que a Misa, que lleva ya tres lunas (¿no sabían en qué día vivían?) en la casa y no baja ni por el pan, que quiere un poco de aire fresco porque se le va a acabar la juventud. No le falta razón a Gilda. Ahora bien, hay que entender a la otra parte, que tiene encima una maldición, que pueden raptar a su hija los cortesanos para entregársela al duque por no seguir planteando hipótesis.
Se dan mimitos cual padre e hija cuando de repente se oye un brusco ruido. Rigoletto se muestra turbado porque piensa (y con razón) que alguien ha entrado en la casa. Ya podéis suponer quién es, pero lo veremos mañana.
La relación tan tan estrecha de Rigoletto y Gilda hace que comprendamos las reacciones futuras que llevará a cabo Rigoletto.
Escuchar de 23.30 a 36.00, para coger la última nota de Bruson, que realmente es la que está escrita. La soprano es Andrea Rost y dirige Muti.
Milnes y Sutherland, compañeros de viaje en multitud de óperas.
A partir de 3.30, para que veamos el agudo y el "shock" de la orquesta, comparando con el de Bruson.
No sólo por su sabor, también por su aroma trufado, este queso triunfa allá donde vaya. Puede ser un pelín caro por la trufa, aunque lo merece. ¿No apetece?
Después de la maldición y Sparafucile, Rigoletto enloquece, empieza a darle vueltas a todo, la eterna risa se le borra de su rostro. Hasta los bufones pueden volverse serios y reflexivos de cuando en cuando.
"Pari siamo, io la lingua e lui il pugnale" (somos iguales, yo la lengua y él el puñal). Esa frase lo dice todo, Rigoletto se identifica con los fines de Sparafucile. No desperdicia la ocasión de lamentarse con rabia de su aspecto deforme, de su profesión, que siempre le están pidiendo que les haga reír cuando lo que siente es un llanto profundo. ¡Que está ya harto de ser bufón, hombre ya! Manifiesta su odio a los cortesanos que le piden gracietas. Y al final una duda: ¿me sucederá alguna desgracia? No, !es una locura!
Rigoletto, como vengo diciendo, es un barítono. Fernando Fraga nos indica que "tiene una tesitura amplia (de si bemol grave a sol agudo) y dramáticamente es de enorme complejidad psicológica. Necesita, pues, por ambos frentes, un artista imaginativo y una voz de calidad: auténtico barítono brillante de amplia sonoridad, atento y generoso sentido del canto ligado, expresividad desprendida. Sólo así podrá transmitir las peripecias personales de uno de los personajes más ricos de toda la operística italiana".
Podemos aventurar que todo barítono de primera, o casi, lo ha cantado alguna vez en su vida. Algunos no lo abandonan jamás, como es el caso de Leo Nucci o Renato Bruson, con miles de representaciones a sus espaldas. Por el otro lado, es una ópera que se representa continuamente y es frecuente no encontrar la calidad bastante, no sólo en los teatros de menor categoría. Las brillantes grabaciones que aquí comparto con vosotros nos malacostumbran a lo bueno, y cuando vamos al teatrillo de nuestra ciudad podemos salir hasta con mal humor.
Escuchar desde 1.57 hasta 3.30. Es muy importante lo que Muti explica. Veréis que de los 5 barítonos sólo lo cumple Bruson. Se trata de las dos últimas frases del aria.
1. Sherrill Milnes (no os confundáis, quien sale en la foto es la Sutherland, que escucharemos mañana).
2. Piero Cappuccilli
3. Leonard Warren
4. Renato Bruson, el único que hace caso a Muti (será porque él dirige...).
Escuchar de 19.25 a 23.30
5. Leo Nucci, al que voy a ver el día 29 en Sevilla. Escuchar de 21.45 a 25.
RIGOLETTO
(Siguiendo a Sparafucile con la vista)
¡Somos iguales!
Yo con la lengua y él con el puñal;
¡Yo soy el hombre que ríe,
él, el que mata!
¡Aquel viejo me maldijo!
¡Oh hombres!... ¡Oh, naturaleza!...
¡Me habéis hecho un vil malvado!...
¡Que rabia, ser deforme!...
¡qué rabia ser bufón!...
¡No deber, no poder hacer otra cosa
mas que reír!
Me está prohibido el patrimonio
de cualquier hombre... ¡el llanto!
Y mi amo joven y alegre,
tan poderoso, adormilándose me dice:
¡bufón hazme reír!...
Y debo esforzarme y conseguirlo.
¡Qué condena!
¡Os odio, cortesanos repugnantes!
¡Que alegría me da el zaheriros!
Si soy perverso, es por vuestra culpa.
¡Pero aquí soy otro hombre!
¡Aquel viejo me maldijo!
¿por qué este pensamiento me turba?
¿me sucederá alguna desgracia?
No, ¡es una locura!