Pietro va a llegar para anunciar la venida del Dux, que desea visitar el palacio en breves instantes, pero Amelia piensa que pretende pedirle su mano para que se case con Paolo, por lo que alerta a Gabriele con el fin de que llame a Fiesco (su abuelo de ella, pero desconocen que tienen parentesco) y le autorice antes de que sea demasiado tarde. Fiesco no conoce la identidad de Amelia, pero es dueño del palacio y debe autorizarle. Éste le advierte a Gabriele que no es una Grimaldi sino una huérfana que no se sabe de dónde ha salido, y que fue adoptada por la familia por si les tocaba exiliarse en algún momento y así conservar sus bienes.
Como decíamos ayer, Verdi retorna al estilo "clásico" de aria-dúo-dúo para suavizar el tenebroso Prólogo.
Entra el tenor en el jardín del Palacio cantando a lo lejos (fuera de escena) una dulce melodía que le produce a Amelia casi excitación, por lo que exige, lógicamente, que el tenor posea un timbre bello y embaucador. Tras carantoñas y amilanamientos varios (destaco la frase "ripara i tuoi pensieri al porto dell'amor", de bella melodía), Amelia muestra cierta preocupación porque Gabriele está metido en una conspiración contra Simón, que aún nadie sabe que es padre de Amelia (ni ella misma). Al final, una cabalettina fogosa.
Bergonzi y Stella, pareja frecuente en los 50 y 60, enormes fraseadores y estilistas verdianos, dejan huella a pesar del mal sonido en esta grabación de Boccanegra que no he escuchado aún.
Domingo, ya cumplidos los 50, canta con una madurez poco acostumbrada para el personaje, que tiene su encanto. Resulta asombroso que como comenté ayer se dedique a cantar el papel de Simón y aquí lo veamos como Gabriele. Supongo que al principio del cambio se confundiría. Kiri no brilla tanto como en el aria anterior porque en el recitativo se requiere algo de fuerza.
Jaume Aragall y Anne Tomowa-Sintov, con subtítulos en español.
Acabo de comprar en La Lechera un Tomme du Segala, queso de vaca pirenaico, semiduro y no muy fuerte pero se hace potente en boca de forma progresiva.
25 años después, en el Palacio Grimaldi a las afueras de Génova, junto al mar y al amanecer, Amelia espera con serenidad a su amado, el noble y apuesto Gabriele Adorno.
En este preludio de acto Verdi retrata el mar de una manera prodigiosa. La seneridad de las olas, el murmullo de la brisa, el ascenso del Sol incluso, son fácilmente identificables en este fragmento. No era frecuente esta técnica en Verdi, si bien cuando la ocasión lo requería no esquivaba el realismo.
Amelia comienza a cantar el aria directamente, sin recitativo de ninguna clase, con la voz en frío. Menos mal que no requiere empujes y fuerza que hagan sufrir las cuerdas vocales al estilo de una Odabella o Abigaille, sino un estilo más lírico y sereno, perfectamente integrado en la pacífica atmósfera de una mañana soleada y fresca con el mar de fondo. La tensión aún está por llegar.
Buena parte del público respirará aliviado, se llenará de regocijo, cuando escuche esta bellísima aria, pues tras el tenebroso y áspero Prólogo necesitan aire fresco, melodía dulce, voz femenina, y Verdi sabe como nadie lograr un equilibrio total en sus óperas.
Mirella Freni es una delas Amelia de referencia por el timbre, las cualidades líricas y mediterráneas de su voz y el equilibrio y propiedad en el fraseo. Siempre está en su sitio la Freni.
Victoria de los Ángeles, pues eso, como los Ángeles.
En el Metropolitan allá por 1995 se ejecutó esta magnífica producción, de las que ahora no diseñan o reponen tanto "porque están pasadas de moda", con un reparto de mucha categoría. La soprano es la neozelandesa Kiri Te Kanawa, bella y elegantísima, algo más ligera que la Freni.
La Ricciarelli, contemporánea de la Freni, atrapaba con su voz luminosa, rica e italiana, que a pesar de algún agudo tirante se mantiene segura en el centro.
Actualmente, Simón Boccanegra está viviendo con Plácido Domingo un protagonismo inusitado, ya que el tenor/barítono septuagenario e incombustible la está llevando por todos los escenarios desde hace 4 años (tuve el placer de verlo en Madrid en 2010). Anja Harteros le ha acompañado en más de una ocasión con su voz algo más dramática que las anteriores, imponente y sólida, que mejorará en los actos posteriores.
Simón y Fiesco se encuentran en la plaza, a lo que el primero aprovecha para pedirle perdón por las ofesnsas que le dirigió, pero Fiesco le perdonará solamente si le entrega a su nieta. Simón no puede hacerlo porque desde hace ya tiempo se encuentra en paradero desconocido, como se dice ahora.
Simón se dispone a entrar en el palacio de Fiesco, una vez éste se ha ido, para ver a su amada María, y lo que ve es el cadáver.
Casualmente al regresar a la plaza se aproximaba una muchedumbre que lo aclamaba como nuevo dux, en el momento en que sentía un profundo dolor por la muerte de María.
Con un breve dúo-diálogo en el que no hay estructuras que se repitan, uniendo perfectamente música y texto, Verdi configura esta escena que acaba con una melodía más animada y popular, pues es el pueblo el que la canta lleno de júbilo.
Aparece Fiesco, ya la plaza despejada, desesperado y sumido en profundo dolor, pues acaba de morir María, su única hija.
Fiesco es un bajo profundo, que debe lucir graves serenos y seguros. Por su carácter misterioso, es clave en el diseño de la oscura atmósfera de la ópera.
El aria de Fiesco es quizá uno de los fragmentos más "conocidos" del Boccanegra, y manifiesta el llanto del bajo ante la muerte de su hija. Naturalmente no hay cabaletta porque no tiene que vengar a nadie la muerte. Es acompañado por un sereno coro de fondo.
Desde 11.20 a 17.30. Vamos a seguir este DVD, pues se considera el más redondo entre todos los grabados y además está subtitulado al español. El reparto lo encabezan Piero Cappuccilli, Mirella freni, Nicolai ghiaurov y Veriano Lucchetti, dirigidos por Claudio Abbado en las gloriosas funciones de La Scala allá por 1978. Aquí, por tanto, disfrutamos de Ghiaurov.
El Prólogo se desarrolla en 1339, a diferencia de los Actos, en 1364. Toda la acción transcurre en Génova.
Frente al palacio del noble Fiesco se reúnen bajo el liderazgo de Paolo Albiani y Pietro los seguidores del partido popular (para más información http://www.youtube.com/watch?v=Y7vYSfWExeo), que son los plebeyos, quienes intentan hacer valer su influencia para buscar la elección de Simon Boccanegra, ex corsario, como nuevo dux de Génova.
Llega Simón, que autoriza el proyecto para así poder arrancar a María de su cautiverio, hija de Fiesco, de la que está enamorado, que ha sido encerrada en el palacio por su padre para evitar su relación con Simón. María y Simón tuvieron una hija, también María, que quedó en poder de Simón.
Los colores son bien oscuros para reflejar el mar y la noche, la penumbra en esa plaza genovesa donde conspiran los plebeyos.
Simon Boccanegra es un Melodrama en un Prólogo y tres Actos con libretto de Francesco Maria Piave y algunas aportaciones de Giuseppe Montanelli, basado en el drama del mismo nombre escrito por Antonio García Gutiérrez (el mismo autor de El Trovador).
Se estrenó sin mucho éxito en el Teatro La Fenice de Venezia el 12 de marzo de 1857, lo que incitó a Verdi a reformarla junto con Arrigo Boito. La nueva es la que hoy se representa, y fue estrenada en La Scala el 24 de marzo de 1881.
La fría acogida del público se debió a varios factores:
- la escasez de arias o dúos cerrados, con pocas melodías que atrapen a la primera,
- la complejidad del argumento, más en la primera versión,
- el predominio de las voces masculinas: dos bajos y un barítono que llevan la acción, frente a un tenor y una soprano.
- el protagonismo de la trama política y por tanto la posición residual del tema amoroso, entre otros.
Estos elementos nos indican que para tener una relación disfrutable con Simon Boccanegra es necesaria la paciencia y efectuar varias escuchas con detenimiento. Por tanto, el impacto que puede producir Simon es bien distinto al que nos suscitaba cualquiera de las óperas de la Trilogía Popular (Rigoletto, Trovador, Traviata), un amor (u odio) a primera vista, en el que se puede profundizar, y mucho, pero sus melodías son nítidas, pegadizas, absorbentes. Aquí también las hay, aunque más "difusas" y fluidas, como iremos viendo.
El mar se encuentra muy presente en la ópera, y es que estamos en Génova. Verdi dibuja como nadie las olas y la brisa marina, introduciendo el Prólogo y el Acto I.
Simon Boccanegra, como personaje, se sitúa en la ya amplia categoría de padres barítonos verdianos, si bien éste mantiene una relación con su hija incondicional pero de una ternura y empatía mayor que la de Rigoletto con Gilda, por ejemplo.
Es un personaje real, que fue Dux de Génova entre 1339 y 1344, cuando dimitió por presiones de la aristocracia, regresando al poder en 1356 hasta 1364, siendo envenenado por sus rivales. Se considera un humanista con visión de Estado, generoso pero implacable con sus enemigos.
Como no hay obertura y casi ni preludio (muy breve), me parece interesante escuchar la introducción instrumental del Prólogo con Muti al piano, que pone de relieve las enormes diferencias entre la primera versión y la segunda. Empieza con la última.