domingo, 24 de noviembre de 2013

Aida (XVI). Amneris da a Radamés una última oportunidad. Dúo Amneris y Radamés

En una sala del Palacio Real, contigua a la de donde Radamés será juzgado, Amneris da vueltas y vueltas para encontrar una solución con el fin de salvar a Radamés. que a pesar de todo lo sigue amando. Ordena que se lo traigan y que se disculpe ante los sacerdotes, pero él lo rechaza sabiendo que no servirá de nada arrepentirse. Amneris le hace una última oferta: que renuncie a Aida para siempre. Radamés prefiere ser condenado, contento porque Aida ha logrado escapar.



De 2.00.50 a 2.10.25 Dolora Zajick y Plácido Domingo

Cossotto y Corelli

Simionato y Vickers

Aida (XV). Traidor, traidor a la patria.

Radamés, en un ambiente tan nocturno y sosegado, pensaba que se encontraba solo con Aida, y se atrevió a confesarle que la ruta secreta es el sendero de Nápata (le gole di Napata).
Emocionado, sale Amonasro de su escondite clamando poco menos que victoria. Al tenor se le cae el pelo, se pone blanco y se fustiga con razón al oír a Amonasro identificarse como Rey de Etiopía.

Oh casualidad casualidad, estaba por allí Amneris que le acusa de traidor con toda su energía. No es para menos. Amonasro trata de apuñalarla pero Radamés se interpone por sentido de Estado. Aida y su padre aprovechan el tumulto para huir, y Radamés se entrega al gran sacerdote Ramfis porque reconoce su culpa.

Esto está al rojo vivo, como el programa del mediodía de la Sexta.


De 1.55.10 a 1.58.20

Aureliano Pertile

Aida (XIV). A Radamés se le escapa. Dúo Radamés y Aida

Una vez escondido Amonasro entre las frondosas palmeras aparece de seguido Radamés, que había quedado con Aida como recordamos. Radamés insiste en que está dispuesto a pedirle al faraón que le permita casarse con Aida, tras vencer a los etíopes, que se han puesto otra vez furiosetes. Aida teme a la reacción probable de Amneris, y sugiere que huyan para evitar problemas.

Radamés se muestra reticente al principio, pero accede a la huida. Ella entonces le pregunta por dónde, y...

Dúo de estructura algo tradicional, con una parte más brava al inicio en voz del tenor, seguido de un diálogo más bien en piano, muy lírico y delicado, con una especie de cabaletta al final (Si fuggiam da queste mure) cuando Radamés toma la decisión de huir.

De 1.45.45 a 1.55.10. Domingo y Millo, dirige Levine

Un Domingo mejor de voz (con 17 años menos) y una Caballé de ensueño, a las órdenes de Muti

Bergonzi y Tebaldi, dirige Karajan


Corelli y Nilsson

Aida (XIII). Amonasro aterra a su hija. Dúo

Amonasro da un susto de muerte a su hija, que estaba tan tranquila evocando a su patria. El rey etíope quiere utilizarla aprovechando que está liada con Radamés para liberarse y destruir al pueblo egipcio. Para ello le exige que averigue cuál es la vía de escape de los egipcios en el caso de que sean atacados. Primero la alaga, luego le amenaza, incluso le insulta, dejándola humillada.



De 1.37.45 a 1.45.45. Millo y Milnes, dirige Levine

Tebaldi y MacNeil, dirige Karajan


Caballé y cappuccilli, dirige Muti


Maria Chiara y Joan Pons, a quien he visto en su despedida del Liceo en este mismo papel.


domingo, 17 de noviembre de 2013

Aida (XI). O patria mia. Aria de Aida

A orillas del Nilo, Amneris se dispone a dirigirse al Templo de Isis la víspera de su boda con Radamés para pregarle.

Aida, que pasaba por allí, como Aute, bajo la luz de la luna en un entorno mágico, reflexiona mientras espera a Radamés en la que probablemente sería su última cita, invocando a su lejana patria (O patria mia, mai più ti rivedrò...O patria mía, nunca más te volveré a ver).

Como contraste al opulento Acto II, Verdi nos presenta una escena refinadísima, tenue como una leve brisa veraniega, dibujando la calma de la noche egipcia. El oboe entabla una meditada conversación con la soprano, y la línea de canto sigue dulce, melancólica, acabando con un agudo en pianissimo que a más de uno, si está bien cantado, causa un nudo en la garganta.

Montse. Yo, de rodillas. Esos pianissimi no tienen rival.

Leontyne Price hizo suyo este papel, aunque a la hora de "apianar" no puede igualar a la Caballé. Su voz es más afín al personaje, con un color más oscuro y generoso.


De 1.25.35 a 1.37.15. Aprile Millo. La mejor Aida de las últimas décadas


La Tebaldi con cara de Sofia Loren, magníficas ambas.


sábado, 16 de noviembre de 2013

Aida (X). Amneris gozosa, Aida y Radamés resignados. Gran final del Acto II.

En el Templo de Tebas se recibe a Radamés y a sus tropas victoriosas. Amneris le otorga la corona que representa el triunfo. Todo el pueblo exalta de júbilo, éxtasis, alborozo, por el clamoroso resultado de la guerra contra los invasores.

El faraón promete conceder a Radamés lo que pida, y éste, que perfectamente podría haber deseado un iPad o el último de Luis Cobos, solicita que liberen a los prisioneros etíopes. Entre ellos se encuentra el padre de Aida, delatado involuntariamente por ésta, aunque sin nombrar su condición de Rey de Etiopía porque de esta forma la ópera llegaría a su fin y no llevamos ni hora y media. Para disimular un poco, asegura Amonasro que el Rey ha muerto en combate y que el pueblo está indefenso y descabezado. Los sacerdotes, el ala dura, piden castigo (como el Gran Inquisidor en Don Carlo), y el pueblo, siempre tan sensible y piadoso, une sus voces a la de Aida y los etíopes clamando piedad. 

Radamés insiste en liberarlos como recompensa por su victoria, y argumenta que al haber fallecido el Rey ya suponen un peligro menor. Ramfis, en una solución intermedia, propone que únicamente Aida y su padre queden prisioneros, liberando al resto. Aceptan, con la esperanza de huir más pronto que tarde.

El Rey egipcio, encantado de la vida, le ofrece a Radamés la mano de su hija Amneris, que no cabe en su gozo. Aida y Radamés ven imposible su amor, y Amonasro ya está pensando en cómo vengarse. 

Maravilloso concertante en el que todos intervienen es ese múltiple conflicto de intereses político y amoroso, consolidándose al final con un dominio del poder egipcio frente a los dominados etíopes retornando a la Marcha triunfal, que remata impecablemente este redondo Acto II.

De 1.10.55 a 1.23.55. Sherrill Milnes se encontraba por entonces en el ocaso de su formidable carrera baritonal, y el cansancio se nota. No obstante, muchos pagaríamos por escucharlo así hoy antes que a muchos barítonos actuales de menor edad sin medios ni personalidad,

Montse vuelve a detener el tiempo desde 1.55


Corelli, Arroyo, Milnes, Dalis, con  veinteañero Mehta dirigiendo allá por 1966.