sábado, 13 de julio de 2013

Il Trovatore (XIII). Ah si ben mio. ¡10 tenores! Cumple de Bergonzi

Manrico. Uno de los más temidos no tanto por el Conde de Luna sino más bien por los tenores. Aunque la dificultad extrema se encuentra a lo largo de toda la partitura, esta aria es la prueba de fuego de todo tenor. 
Como es natural comienza con el recitativo al que le sigue el cantabile. Se dice que es una de las más complicadas porque se canta continuamente en la "zona de paso" entre el registro central y el agudo, es decir, el mi y el fa. Presenta frases algo largas, algún trino, agudos considerables, pero lo más importante, debe ser cantada con ternura sin caer en manierismos, con delicadeza y virilidad al mismo tiempo. Los acentos deben darse en las sílabas exactas y la dicción, naturalmente, tiene que ser o parecer puramente italiana.



1. Hoy Carlo Bergonzi cumple 89 añitos y casualmente publico una de sus arias favoritas, en la que no tiene rival. Trinea como nadie. Hasta 5.10

2. Franco Corelli. Eléctrico, correoso, brillante, heroico, voluminoso, viril, pero no respeta los detalles de la partitura, le falta melosidad.


3. Pertile, hasta 4.45. Gran fraseador, y al mism tiempo con una voz atractiva.



4. Pavarotti. Simplemente, la voz

5. Plácido en uno de sus papeles favoritos, irresistible.


6. Carreras. Italianísimo, musical, aunque ya no en sus mejores días.


7. Bjorling. Espontaneidad, luminosidad, entrega aunque se nota ausencia de italianidad.


8. Bonisolli. ¡Qué pintas, parece Rambo! Eso sí, volumen y entrega no le faltan.

9. Alagna. Elegante, seductor, mediterráneo. 

10. Del Monaco. Duro y férreo, seguro como una roca.


viernes, 12 de julio de 2013

Il Trovatore (XII). Azucena se defiende como gato panza arriba

Nuestra gitana favorita se dispone a explicar a quienes le han capturado sus intenciones, que se muestra errante y vagabunda por los montes españoles, y que viene de Vizcaya con el único propósito de salvar a su hijo. ¿Le habrá llamado para decirle que está en peligro?

El Conde empieza a atar cabos, deduciendo que es el hijo es Manrico, su más fiero rival. Pan comido para Luna, que va a torturar a Azucena para ver si le saca algo. Azucena se desfoga en una arrebatada cabaletta maldiciendo al Conde, su deporte favorito.

Un apunte: la madre de Verdi falleció el año antes del estreno de Il Trovatore. ¿Influyó este hecho en que Verdi optara en este caso por una relación madre-hijo en lugar de la habitual padre-hija o padre-hijo?


1. Fiorenza Cossotto





2. Fedora Barbieri.



3. Dolora Zajic




4. Shirley Verrett





5. Violeta Urmana




martes, 9 de julio de 2013

Il Trovatore (XI) Azucena se mete en la boca del lobo.

Coro para iniciar el Acto III, igual que en el II. 




Y ahora otra "azucenada". No escarmentada por quemar en la hoguera a su propio hijo biológico, la torpeza de Azucena vuelve a escena (rima!). Ahora se mete en la boca del lobo, deambulando por los alrededores del castillo del Conde. a quién se le ocurre. Es como si el delincuente más buscado se da una vuelta cerca de una comisaría. Lo único que puede justificarla es que iba en busca de su hijo. Menudo viaje de Vizcaya a Zaragoza, por entonces no había tren ni bus ni nada a motor, así que tampoco le valía el autostop.

Il Trovatore (X). Leonora hace un trabalenguas con Manrico y el cielo.


Justo a tiempo, cuando Leonora se va a meter a monja, llega Manrico. Cosas de la ópera. A ella, que pensaba que estaba muerto, le da una grata sor-presa. Pero claro, que estaba por allí el Conde y el conflicto está servido. Leonora va a lo suyo, soltando eso de que "has descendido del cielo o estoy en el cielo contigo". Una de dos, Leonora no plantea otra hipótesis.


Nada más, escuchemos este terceto que pone fin al segundo acto. Comienza con un coro de monjas junto con el de los soldados del Conde, entrelazándose. La esplendorosa melodía de Leonora contrasta con las pullas que se lanzan barítono y tenor.

Con Plácido, Leontyne y Milnes. Dirige Zubin Mehta.
De 1.01.00 a 1.10.45




Con Marton, Pavarotti y Milnes. Dirigiendo Levine.


Con la Caballé. Mal sonido y subtítulos en chino. Los otros cantantes no tienen mucho pero está la Montse.

domingo, 7 de julio de 2013

Il Trovatore (IX). El Conde muestra su lado más humano. No es tan malvado como se pensaba. ¡Torrejón de Cantagrullas!

Leonora ha tenido su aria y el terceto. Manrico el terceto y el gran dúo con azucena. Ésta ídem más su cavatina del inicio del Acto II. Al Conde hay que darle algún aria ya que sólo apareció en el terceto del Acto I. Y aquí está.

El Conde reflexiona sobre su amor incondicional hacia Leonora. La quiere de verdad, no por conveniencia, no por evitar su relación con el trovador. 

Entra con empaque y elegancia, autoritario y sereno, como en el primer Acto. La música define su personalidad, al igual que sucede en los otros 3 protagonistas. Necesitamos un barítono brillante, con sólido registro agudo, capaz de apianar, modular la voz y mostrar su faceta más dulce y lírica, al mismo tiempo que desarrollar potencia y agresividad en los momentos de mayor violencia. Un empeño nada fácil. Aquí os invito a una selección de los que según mi subjetivo criterio como siempre han sido los mejores Condes de Luna.


1. Ettore Bastianini


2. Piero Cappuccilli.


3. Sherrill Milnes, aquí madurito.


4. Leonard Warren


5. Giorgio Zancanaro.


6. Renato Bruson

7. Leo Nucci, con piano.



Torrejón de Cantagrullas, queso de cabra de Valladolid, ya que hablamos de torreones.



Il Trovatore (VIII). Dúo excelso e incomparable entre Manrico y Azucena.

¿No soy tu hijo?- pregunta Manrico.
¡Claro que lo eres!- responde Azucena.
¿Entonces?- insiste Manrico.

Cuando me pongo a hablar de esto, mi pensamiento pone en mi boca palabras que yo no he dicho- se justifica Azucena. ¿Es que no te he criado como un hijo?

No es su hijo biológico pero Manrico se ha criado con ella, que ha sido su madre adoptiva. El amor madre-hijo aparece representado en este dúo, para mí uno de los mejores compuestos por Verdi incluyendo la escena interior.

Aparece Ruiz, un mensajero de Manrico, para anunciarle que Leonora, pensando que Manrico ha muerto en la guerra, va a ingresar en un convento como monja de clausura. Él se precipita en su búsqueda, con el mandato de su madre de matar al Conde.

Al comienzo Azucena y Manrico parece que hablan en lenguas (en músicas) distintas, uniéndose al final del cantabile y cabaletta. Él normalmente en tono mayor, ella en menor.

Bergonzi y Simionato, los primeros. La poesía del tenor es inalcanzable.




Seguimos con Plácido y la Cossotto.

Con Pertile, un tenor que estoy descubriendo ahora, y la mezzo Cattaneo.

Con Pavarotti y Zajic, para ver algo de escena. Están de lujo.

Con Franco Corelli y la Simionato la cabaletta, que es puro fuego.


¿Qué pareja preferís?

Il Trovatore (VII). Azucena desvela un secreto bien guardado.

Los gitanos, después de escuchar a Azucena, muestran su tristeza. Inmediatamente aparece Manrico y los gitanos se marchan a dar una vuelta para dejarlos solos. Manrico le pide a su madre que le cuenta más detalles de esos sucesos tan estremecedores, y ella le narra todo lo de la hoguera. Hay que tener fe para creerse que se equivocara de tal forma que tirara a su propio hijo a la hoguera y no al del Conde.

Azucena está completamente agotada por tanto deambular por los montes vascos y por ello tiene visiones y arrebatos, lo que le hace contar cosas que no desea y con poca exactitud, y marea un poco a Manrico.

En la narración de Azucena vuelve la melodía del Stride la vampa, una melodía tensa y desgarrada, con arrebatos de la orquesta y las voces. Naturalmente, no proceden aquí pacíficas melodías mozartianas. El tenor requiere aquí también un fraseo la mar de imaginativo e incisivo para ir interpelando a su madre. Observad la modernidad de Verdi, que no plantea la extensa primera parte del dúo como un cantabile sino como un "recitetivo cantado", no hay una melodía que sigue sino que el texto y la música encajan a la perfección.

De 5.40 a 8.50. Plácido Domingo y Fiorenza Cossotto, dirigidos por Zubin Mehta en 1969

Mismos cantantes en la escena que sigue, 9 años después dirigidos por Karajan. Para que veáis algo de escena.


MANRIQUE 
Solos ahora estamos; 
cuenta esa historia funesta.

AZUCENA
¡Y tú la ignoras!¡Tú!... 
Jovencito ambicioso
tus pasos los espolea.
Lo que consideras 
la tragedia de tu nacimiento... 
¡De tu abuela el fin funesto 
cuenta esa historia...!
La acusó soberbio conde 
de maleficio, 
asegurando que víctima era 
un niño hijo suyo... 
Ella quemada donde arde ese fuego.

MANRIQUE
(apartándose con sobresalto de las
llamas)
¡Ah, desventurada!

AZUCENA
Atada fue conducida 
a su destino tremendo.
Con mi hijo en brazos, 
cuyo la seguía llorando.
Hasta ella intenté, en vano, 
abrirme camino...
Y en vano intentó 
la mísera detenerse y bendecirme,
porque entre blasfemias obscenas,
empujándola con sus hierros,
a la hoguera la arrojaron 
los malvados verdugos;
entonces, con ronco acento:
¡véngame!, exclamó; 
aquella palabra un eco eterno 
en mi corazón dejó.





MANRICO 
La vendicasti? 

AZUCENA 
Il figlio giunsi a rapir del Conte: 
Lo trascinai qui meco... 
Le fiamme ardean già pronte. 

MANRICO 
Le fiamme!... oh ciel!... 
Tu forse?... 

AZUCENA 
Ei distruggeasi in pianto... 
Io mi sentiva il core dilaniato,
infranto!... 
Quand'ecco agli egri spirti, 
come in un sogno, apparve 
la vision ferale 
di spaventose larve! 
Gli sgherri ed il supplizio!... 
La madre smorta in volto... 
Scalza, discinta!... il grido, 
il noto grido ascolto... 
Mi vendica!... 
La mano convulsa tendo... stringo 
la vittima... nel foco la traggo, 
la sospingo... 
Cessa il fatal delirio... 
L'orrida scena fugge... 
La fiamma sol divampa, 
e la sua preda strugge! 
Pur volgo intorno il guardo 
e innanzi a me vegg'io 
dell'empio Conte il figlio... 

MANRICO 
Ah! come? 

AZUCENA 
Il figlio mio, 
Mio figlio avea bruciato! 

MANRICO 
Che dici! quale orror! 

AZUCENA 
Sul capo mio le chiome 
sento rizzarsi ancor! 

(Azucena ricade, Manrico ammutolisce
colpito d'orrore e di sorpresa. 
Momenti di silenzio) 


MANRIQUE
¿La vengaste?

AZUCENA
El hijo llegué a raptar del Conde;
aquí le traje conmigo...
La hoguera ardía ya dispuesta.

MANRIQUE
¡La hoguera!... ¡Oh, cielo!... 
¿Tú quizá?...

AZUCENA
El niño se deshacía en llanto...
Yo sentía mi corazón 
vacilar, angustiarse,
cuando he aquí que aparecen 
como en un sueño,
en funesta visión, 
terrible y fantasmal,
los verdugos, el suplicio...
El lívido rostro de mi madre,
descalza, desceñida... 
El grito, 
el conocido grito escucho:
¡Véngame!... 
La mano convulsa tiendo, 
cojo la víctima... 
al fuego la acerco, la arrojo,
cesa el fatal delirio, 
la horrenda visión huye...
¡La hoguera crepita 
y su presa devora!
Miro a mi alrededor y veo
del impío Conde el hijo ileso...

MANRIQUE
¡Eh! ¿Cómo?

AZUCENA
¡Mi hijo!
¡Mi propio hijo había quemado!

MANRIQUE
¿Qué dices? ¡Qué horror!

AZUCENA
Sobre mi cabeza, 
mis cabellos siento erizarse todavía.

(Azucena se desploma. Manrique
permanece mudo por el horror y la
sorpresa)